miércoles, 4 de abril de 2012

Unos fantasmas muy pesados


Existe una clase de fantasmas muy molestos aficionados a fastidiar a los vivos en sus hogares. Tienen en común la capacidad de provocar pesadillas, en ocasiones se dejan ver en la vigilia del sueño aferrados al pecho de la víctima. Todos alguna vez hemos visto alguna figura extraña en el transcurso de una pesadilla (aunque normalmente se olvida) y una sensación de ralentización y pesar. Aunque estos fantasmas tienen nombres diversos, básicamente son el mismo ser en muchísimos países europeos y adivino que en otros continentes. Sería imposible describirlos a todos, así que nos centraremos en los más conocidos, dando preferencia a los españoles.



Debido a que les complace bastante aparecerse, entran en la familia de los fantasmas, aparte que los textos históricos los llaman así también. La llamada fantasma era una aparición femenina que saltaba y brincaba exageradamente, más adelante veremos la relación entre saltar y pesadilla. Parece que el aspecto sexual es importante para ellos, pues causar pesadillas les provoca a estos espíritus el mismo placer que el coíto. El íncubo (masculino) y el súcubo (femenino) es otro claro ejemplo de demonización por parte de la Iglesia de seres paganos aprovechando las trastadas que a veces cometen, comparándolo con otros seres de características similares será posible separar lo verdadero de lo "moralizante".  



Dice Isidoro (s.VII) del íncubo:



Los peludos (pilosi), en griego, se llaman panitas; y en latín, íncubos, o bien “inuos”, derivado de “inire”, del trato carnal que acá y allá mantienen con animales. Del mismo modo, los íncubos toman su nombre de “incumbere”, esto es, de fornicar. A menudo estos desalmados cohabitan también con mujeres, con quienes tienen relación carnal. A estos demonios los galos los llaman “dusios”, porque viven continuamente en esta inmundicia. A quien el vulgo da por lo común el nombre de íncubo, lo conocen como “Fauno higuero”. De él dice Horacio: “Fauno, amador de las ninfas que te huyen, acude benevolente a recorrer mis dominios y mis soleados campos.



El DRAE de 1734 define al íncubo:



Llaman los médicos un género de accidente, que da en sueños, con que se comprime y aprieta el corazón, soñando alguna cosa triste y melancólica, que regularmente llaman pesadilla.



El tardo: "Tardo" viene del latín tardus (entorpecer, impedir, obstaculizar), en el sentido de "carga que enlentece", y es esa precisamente la especialidad del tardo: allá donde se apoya deja sentir su enorme peso. Es de origen gallego, también conocido como "demo burlón" "o das botas" "papá xarriña" "o das arandelas", etc. El tardo suele tomar forma de numerosos animales: perro, carnero, caballo, oveja, cerdo, polluelos, raposa, etc. Otro rasgo que lo caracteriza es su tendencia a provocar pesadillas nocturnas, oprimiendo con su peso el pecho de las mujeres. Los tardos tienen las manos agujereadas, gustan de rondar especialmente por las cocinas, aunque a veces se les ve en caminos y molinos.



A veces se reviste de forma humana, corpórea o fantasmal; alta y delgada si toma figura femenina o como hombre pequeño, gordo con gorro y chancas de correas y como niño pequeño tiritando de frio (con intención de que las mujeres lo acurruquen). Suele ser usado como asustaniños en su forma de figura femenina o de hombre pequeño. Dentro de las casas es bastante revoltoso pues le encanta hacer ruido con las tazas, platos... pero a la mañana siguiente debe dejarlo todo como estaba. Como no puede recoger el agua caída, algunos aldeanos le dejaban tazas llenas de agua en la cocina para que se marchara. Otra de sus bromas favoritas es transformarse en tronco de árbol que el leñador al cargarlo va notando que el peso se incrementa hasta tener que dejarlo en el suelo. En otras ocasiones, según las leyendas, se transforma en rebaño de ovejas que come la hierba de noche, haciendo daños en las fincas de los campesinos.


Para conjurarlo solía dejarse en una mesa cercana a la cama un puñado de centeno, mijo, maíz o alpiste, con objeto de que se entretenga contando los granos, a lo que es muy aficionado. Como solo sabe contar hasta cien, al llegar a esta cifra se equivoca irremisiblemente, volviendo a contar de nuevo, estando toda la noche entretenido, por lo que dejará tranquilo a los durmientes. En algunos lugares aparece como un humanoide pequeño, peludo, lleno de dientes, de color verdoso y con penetrantes ojos redondos y negros.



El Diaño burlón: "Diaño" procede del latín damnum (daño) cuya raíz es da- (dividir) con sufijo dap-no (daño [dar a cambio]), incluye las palabras dañar, condenar, indemne, indemnizar. Es de notar que la raíz es la misma que la de "demonio". Tradicionalmente se cree que "diaño" viene de "diablo", pero esto se debe más a sus maldades demoniacas y parecido aparente de las palabras que a la realidad. "Diaño" es en Galicia eufemismo de demonio (demo), pues se creía que nombrar al maligno podía atraerlo o causar algún mal. El llamado "demo burlón" era conocido también como "tardo", debido a ello y sus parecidas costumbres podemos afirmar que diaño burlón es sinónimo de tardo.



Pesanta, pesadillo, pesurole, pesadiello: En ciertas zonas catalanas se la equipara a una bruja o una indefinida forma animalesca. Su hobby favorito es trastear de noche por la cocina para luego sentarse en el pecho del durmiente y causarle pesadillas. La propia palabra "pesadilla" viene de "pesar", pues antiguamente creían que estas entidades las provocaban. Una de sus formas favoritas que elige para aparecerse es la de perro negro. Para expulsarla se solía dejar mijo, centeno u otros granos para que se aburriera contándolos.



Manonas: En Castilla, Extremadura y Asturias existen mitos sobre un ser en forma de horrorosa mano que perturba todo en una casa, trastornando todos los aperos del ganado y útiles de labranza. En las Hurdes se presenta ante los durmientes como una mano fría que de noche recorre una a una las vértebras produciendo angustias y escalofríos. Cabe destacar que "mampesadilla" o "mampesada" es sinónimo según el DRAE de pesadilla. Se confunde con el pesadillo en muchos lugares, pues además a veces aparecía como perro negro.



El elfo y la mahr: En antiguo alemán, “elfo” (alp) designa la pesadilla, y actualmente ésta recibe el nombre de “presión del elfo” (Alpsdruck) o “sueño élfico” (Alptraum). De hecho, elfo y la entidad que los germanos denominaban mar, masculino y femenino en todos los idiomas germánicos, son distintos al principio. Detengámonos un instante en la forma en que se operó su vinculación. Para mayor comodidad, emplearemos el sustantivo Mahr, plural Mahren, que encontramos en la denominación francesa de la pesadilla: cauche-mar. En inglés, nightmare (literalmente "fantasma nocturno") es pesadilla,  añadámos que mare es también en inglés "yegua", la relación con "montar" o "cabalgar" queda clara. La raíz etimológica es mer- (borrar, dañar, agarrar).   



“Cauchemar” entra tardíamente en el léxico francés, a comienzos del siglo XVI, y se admite generalmente que está formado del medio neerlandés mare, al que se atribuye el sentido de “fantasma” y del determinante cauche-, para el que se consideran dos etimon: el latín calcare, “pisar, prensar”, o calceare, “calzar”. La forma cauche cabe suponer que viene del cruce del francés antiguo chaucher y del picardo cauquer. Antes del siglo XVI, los franceses llamaban a la pesadilla appesart, palabra emparentada con la italiana pesuarole, la española pesadilla y la portuguesa pesadela, derivadas todas de un verbo con el significado de “pesar”. En el caso de los dialectos italorromanos y galorromanos, R. Riegler ha mostrado que la pesadilla saca su nombre de verbos y sustantivos que expresan nociones de peso y opresión, así como la idea de saltar o montarse sobre alguien.



Así pues, en el mundo románico, el o la Mahr es una criatura que nos asalta y deja sentir su peso sobre nosotros; debido a ello, es etimológicamente un pariente cercano del ephialtes griego, literalmente “que salta encima”, y del incubus romano, es decir: “que se acuesta encima”. La noción de pisoteo, ajena al mundo románico y que encontramos en cauche, está tomada de las tradiciones germánicas. Allí, la pesadilla te pisa, tema más antiguo, y más tarde te cabalga. Señalemos de pasada que, en la literatura medio-latina, la pesadilla es llamada phantasma, término que dio “fantasma”, detalle que tiene su importancia. La primera huella de fusión entre los elfos y los Mahre se encuentra en el Laeceboc, redactado hacia 950-1000,  y en el que leemos, en la medida en que el texto permite la traducción:



Remedio contra todo hechizo pagano, contra la magia de los elfos (aelfsidenne), es decir, encantamiento para una especie de fiebre, y polvo, filtros y un ungüento; y si esta enfermedad ataca a los bovinos, si aflige a un hombre o si a éste lo cabalga y lo golpea una Mahr.



El pasaje es oscuro, pero vemos con todo que a la mahr la pone en el mismo saco que a los elfos y la entiende como resultado de un sortilegio. El segundo testimonio data también del siglo X y se debe al escaldo Thjodolf Hvinverski y lo recoge Snorri Sturluson en el Orbe del mundo:



Tras haber desposado a Drífa en Finlandia, el rey Vanlandi regresa a Upsala. Antes de partir, promete a su mujer que regresará en el plazo de tres años, pero pasan diez años sin que piense en cumplir su promesa. Drífa convoca a la maga (sejdkrona) Huld y le entrega una suma de dinero para que, con sus sortilegios, haga regresar a su esposo o lo mate. La magia de Huld provoca en Vanlandi un vivo deseo de volver a ver a su mujer, pero sus amigos y sus consejeros lo ponen en guardia: ese deseo se debe a los maleficios de los finlandeses, le dicen. Vanlandi es entonces presa de un sueño –reacción típica de un hombre al que ataca o visita un espíritu-; va a acostarse y se duerme. Despierta poco después gritando que la Mahr lo ha pisoteado. Cogen entonces la cabeza del rey, pero la Mahr se pone a aplastarle las piernas. Le cogen las piernas, pero la Mahr agarra la cabeza de Vanlandi y lo mata.



La maga se llama Huld; pues bien, en las leyendas nórdicas, los espíritus subterráneos, enanos y elfos, son denominados “gente de Huld” (Huldfolk); así pues, podemos admitir que, o bien la Mahr es un ser élfico que obedece a Huld, o bien se trata de un muerto que la maga utiliza como un zombi. En efecto, la etimología ha revelado que el germánico mar- se remonta a una raíz indoeuropea mer- que abarca las nociones de óbito. En el siglo XIV, el fabliau alemán Irregang y Girregar, de Rüdiger de Munre, muestra que se confunden Mahr y elfos:



Dos estudiantes hacen noche en casa de un campesino. Uno de ellos se acuesta con la hija de su anfitrión, se une sexualmente a ella y luego quiere volver a su cama; se equivoca en la oscuridad y se acuesta junto al padre de la joven. Creyendo que se trata de su compañero, le narra su buena fortuna. El anfitrión se enfada, lo golpea y lo saca de la cama. Ante el ruido, su esposa se despierta y, al oír el relato que le hace, le dice a su marido: “¡No pierdas la cabeza, y ten sangre fría! Te ha cabalgado la Mahr, una cosa élfica. Tienes que alejar a esa criatura maligna con la señal de la cruz.



Por aquel entonces, pues, la Mahr forma parte de la familia de los espíritus que los hombres llaman “elfos”, lo que confirma un hechizo de comienzos del siglo XV: “¡Madre de elfo, Trute y Mahr, marchaos por el tejado!”. Trute es sinónimo de Mahr, pero se utiliza en la Alemania meridional y en la Italia del norte. Así pues, vemos que el vocablo “elfo” se ha convertido en nombre colectivo, en término genérico que engloba a todos los espíritus nocturnos y nocivos. Se opone ahora a “enano”, también término colectivo, que designa a las demás pequeñas criaturas de las creencias populares, esta vez benéficas. Entre –digamos- el siglo IX y el XIII, hubo inversión de caracteres: la buena criatura, aquella a la que se dirigían ritos propiciatorios, se ha convertido en maligna, mientras que el ser maléfico se ha transformado en una persona simpática y bondadosa, la que a menudo nos presentan los cuentos y leyendas. ¿Cómo se operó la fusión del elfo y la Mahr?



Se vio favorecida por dos conjuntos de elementos. En primer lugar, la proximidad de esos dos seres con la muerte, el elfo, entre otras cosas, a través de la fiesta de Jól, celebración de los ritos de fecundidad y de conmemoración de los difuntos, muertos más o menos confundidos con nuestras criaturas, puesto que aquella fiesta se llama también “sacrificio a los elfos” (álfablót). Y en segundo lugar, por la noción de magia, de sortilegio, de ilusión: los elfos están considerados un poco brujos, y la Mahr parece entenderse como una personificación de sus maleficios. Pero la Mahr, al principio, era un muerto maligno, y para que podamos convencernos de ello, he aquí una anécdota del siglo XII, que sacamos de la Historia rerum Anglicarum de Guillermo de Newbury:



Tras su deceso, un hombre, gracias a diligentes esfuerzos de su esposa y sus allegados, es enterrado según la costumbre –detalle que tiene su importancia, pues muestra que el difunto no tiene ningún motivo para regresar-. A la noche siguiente a la inhumación, el muerto entra en la habitación de su esposa, la despierta y la aplasta con su peso, que ella apenas puede soportar.



Este difunto se conduce estrictamente como una pesadilla, lo que confirma muy exactamente las revelaciones de la etimología según las cuales la Mahr era ante todo un muerto. Por extraordinaria coincidencia cuyo secreto tienen las tradiciones populares, la confusión entre elfo, el enano y la Mahr dejó huellas duraderas hasta una época reciente. En un notable estudio titulado De Lutins en cauchemars, Christian Abry y Charles Joinsten recogieron un dossier asombroso. Trantando de penetrar el secreto del chaufaton, nombre de un lutin doméstico documentado en las creencias del alto valle de Aulps (Haute-Savoie), estos dos estudiosos recogieron textos y testimonios de los que se desprende que este personaje tiene relaciones estrecha con los animales domésticos y las producciones agropastorales, o sea, con la tercera función. Es servicial, pero también travieso y susceptible, experimenta una profunda aversión por los objetos cortantes, cosa que sin duda es una forma de expresar una idea muy antigua, a saber, que el hierro les resulta insoportable a los espíritus.



Como todo buen lutin románico, trenza las crines de los caballos, se burla del hombre, reside en el henil, el granero del heno, donde se lo oye reír. También es un espíritu pisoteador, que pisotea a los hombres y mujeres acostados en el heno, a un posadero, a niños... A veces, se conduce como una Mahr:



Otras veces, cuando estaban dos o tres acostados sobre el heno, iba el chaufaton y los oprimía y paralizaba con un peso muy fuerte, como si tuviesen una piedra encima, unos tras otros.



Abry y Joisten destacan dos grandes ejes funcionales de los lutins: su domesticidad y su carácter de íncubo, es decir, de pesadilla, de pisoteador. Y se preguntan: “Cabe preguntarse si el papel de la pesadilla no lo desempeñan siempre “ocasionales”. En el siglo XIX y XX, sí, esa es realmente la impresión que se desprende de los textos, pero en la Edad Media la cuestión no se plantea: existe, como mínimo en los países germánicos, la Mahr; más tarde ésta convive con el elfo (alp) hasta que éste la elimina. Creemos que las tradiciones populares conservan el recuerdo de tiempos antiguos: y es que nos parece muy significativo que sea precisamente un genio doméstico, el chaufaton, el que pueda desempeñar el papel de la pesadilla, pues esos genios suelen ser forma que toma el buen ancestro difunto, y su culto se confunde con el de los muertos bondadosos y tutelares. Ahora bien, la Mahr es un muerto maligno. A partir del momento en que cae en desuso el culto a los ancestros, en que ya no se sabe que esa Mahr que lo pisotea a uno es un difunto, es decir, a partir del momento en que se confunde la Mahr con genios, espíritus y enanos, la imagen que, con el nombre que sea, sobrevive en el folklore es sincrética, es una imagen nacida de la fusión de datos dispares, incluso contradictorios, pero de una notable homogeneidad en el plano funcional.



Esos son los grandes rasgos de la decadencia de los elfos, interpretados ad malam partem y confundidos con los enanos propiamente dichos y los Mahren. La palabra elfo se convierte en el nombre de la familia de las criaturas temidas, y el adjetivo que los alemanes sacan de ella (elbisch) sirve hoy para designar a los seres fantásticos que aparecen en las literaturas medievales y, ya más cerca de nosotros, en cuentos y leyendas. “Elfo” connota las nociones de lo maravilloso y sobrenatural inquietantes. Lo mismo ocurre en Inglaterra, donde elf-struck, literalmente “golpeado por el elfo”, significa “embrujado, encantado”. Sin embargo, en Islandia todavía llaman a veces a los elfos luiflingar, es decir: “amigos queridos”... Ni siquiera la morfología de los elfos ha quedado intacta. En Dinamarca, se parecen a los viejos, y en las islas Feroe son personajes de gran estatura (¡), de pelo negro y vestidos de gris.

lunes, 2 de abril de 2012

El coco


No hay un asustaniños más famoso en la Península Ibérica que el coco. Como mínimo ha sido la entidad que más niños ha aterrorizado desde la Edad Media hasta nuestros días. Sin embargo, como suele ocurrir con estos seres, fueron inicialmente objeto de algún tipo de culto que el cristianismo, la propia sociedad y el tiempo, terminaron por convertirlo en una fantasía ridícula tan solo útil para enderezar a los crios, recuérdese por ejemplo el papu y su relación con la larva. "Coco" es abreviación del latín cuculla (cuculla, especie de capucha), palabra que designaba tanto una capucha como una vestidura (llamada cogulla o casulla) equipada con ella. San Isidoro comenta algo al respecto:



La casulla es un vestido con cuculla; su nombre es un diminutivo de casa, porque como una casa de pequeñas proporciones, cubre a todo el hombre. Del mismo modo cuculla viene a ser como una celda (“cella”) diminuta. Los griegos le dan el nombre de “planeta”, así dicha porque ondulan con aspecto errabundo. Por igual motivo llaman planetas -es decir “errantes”- a ciertas estrellas, porque discurren en su movimiento de una manera errabunda e indecisa.



No menos interesantes son las definiciones que da el DRAE 1729:



Cuculla:



Especie de cobertura de la cabeza que se usaba en lo antiguo. Viene del latino “cucullus”, que significa lo mismo.



Cogulla:



El hábito o ropa que usan los monjes basilios, benitos y bernardos, la cual es muy ancha, y la traen sin ceñir, llena de pliegues, de arriba abajo, con unas mangas muy anchas, que caen en punta, como también la capilla que está pegada al mismo hábito o ropa. Es tomado del latín “cuculla” que significa lo mismo.



Estas definiciones parecen no tener relación alguna con el coco, pero existieron en la Edad Antigua unos genios misteriosos que tenían en común llevar cucullas o cogullas, me refiero a los genii cucullati (genios encucullados). Poco sabemos sobre ellos, tan solo que a menudo se los representaban por trios y que se han encontrado grabados en la zona romanocéltica entre Britania y Panonia. Abajo genii cucullati.




Hasta ahora, el testimonio más antiguo en lengua castellana que se conoce de la palabra "coco" se encuentra en el Cancionero de Antón de Montoro, de 1445. Leemos allí estos versos:



Tanto me dieron de poco / que de puro miedo temo, / como los niños de cuna / que les dicen ¡cata el coco!



Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana o española (1611), dice del coco:



En el lenguaje de los niños vale figura que causa espanto, y ninguna tanto como las que están a lo escuro o muestran color negro; de Cus, nombre propio de Cam, que reinó en la Etiopía, tierra de los negros.



En las nanas antiguas prima la idea de que el coco se llevará al niño. Pero aquí no queda el asunto, en el norte de Portugal el coco es representado por un dragón. En la villa de Monção, conocida como la tierra del coco (terra da coca), se le llama la "Santa Coca" o "Coca Rabixa". En la fiesta del Corpus Christi, el coco es el dragón que lucha en contra de San Jorge. En Puerto Rico se prefiere la forma “cuco”. En Brasil se llama “cuca”. El coco o cuca es también un gusanillo del que hay diferentes especies, que se cría en varias semillas, frutas y otras cosas comestibles. También es rostro que pone la mona cuando se enfada, gesto que se hacen los enamorados. Coquito es ademán o gesto que se hace al niño para que se ria. Abajo genios encucullados.





El cuco es una oruga de cierta mariposa nocturna; tiene 3-4 cm de largo y los costados vellosos y con pintas blancas. La cuca es una mujer enviciada en el juego. Mala cuca es lo mismo que persona maliciosa y de mal natural, procedente del latín cuculus (cuco, galán, adúltero) . La cúcara mala era un asustaniños de Caliao (Asturias), a la que se describe con los dientes sangrando. Se llamaba cucala al gambutzi (¿algo que ver con bu?) y cuco al coco. La cucala o gambutzi es:



Son intensamente negros, impalpables e imperceptibles; actúan únicamente en la más profunda espesura de la noche y su intensidad espantadora entre niños, e incluso entre mayores, es muy acusada. Se dice que zurra fuerte a cuantos halla por la calle de noche, en especial a los chicos y a las mujeres, a cuyas ropas se agarra con fuerza, resultando laborioso desasirse de ellos. Se los confunde con la propia noche.



La coca es según el DRAE 1729:



Antiguamente significaba lo mismo que cabeza; En algunas partes como es Galicia o la Mancha, llaman así a la que comúnmente se llama tarasca: que es una figura de serpiente, que el día del Corpus con los gigantes sacan en la procesión.



 Actualmente, "gomia" es sinónimo de tarasca. En el siglo XVI, la gomia era descrita como una vieja descabellada, muy negra y fea, con grandes colmillos. Se usaba como espantaniños diciéndoles que vendría a comérselos. Se llama gomia a la persona que come mucho y con voracidad. Gomioso es sinónimo de voraz y ambicioso. La goma es un tumor esférico, de ordinario de origen silfítico. Puede comprobarse la complejidad y variedad del coco, en cierto modo recuerda bastante a las larvas: un ser que se caracteriza por la metamorfosis. Abajo genios encucullados.



El coco parece convertirse en un dragón o monstruo, el último ciclo de esta especie de gusano o larva. Por desgracia nunca sabremos la verdad, pero es evidente que las leyendas de caballeros derrotando dragones o tarascas se han referido desde siempre a la victoria de la civilización sobre el caos, representado por un genius loci (genio de lugar) que se toma a sí mismo como dueño de una zona salvaje. Básicamente el cristianismo acabó con los genios al demonizarlos.



Ya en fechas recientes hay documentados encuentros de personas con supuestos extraterrestres o fantasmas. La descripción de los testigos en los siguientes casos españoles, describen a un ser de unos tres metros, negro y con una especie de cogulla que se mueve con el viento. En algunos casos aparecen tres en lugar de uno.


-Escalante (Cantabria) 1976

-Isla (Cantabria) 1976

-Vegas de Coria (Cáceres) 1983

-Saucedilla (Cáceres) 1984

-Yebra (Guadalajara) 1990


Abajo fantasma visto en Escalante en 1976.  





miércoles, 28 de marzo de 2012

Larvas


Larva es palabra con origen etimológico desconocido, procede claramente del latín "lar" (hogar) los cuales eran los dioses familiares o el hogar doméstico. Para los romanos, los lares eran los espíritus benévolos de la familia, que encantaban y protegían el domus o casa de la familia y las larvas eran las almas sin descanso terroríficas de los hombres malvados. Pero la idea más corriente era creer que larva y lemur eran sinónimos.



Aunque se desconozca la raíz, larva tiene multitud de significados en latín:



-Fantasma, espectro.

-Máscara de fantasma.

-Esqueleto.

-Voz injuriosa.

-Larvarum plenus: furioso, presa del delirio.

-Larvalis (adj): espectral.

-Larvonare: Embrujar, hechizar.

-Larvaciti: Poseído por una larva



Y en español:



-Fantasma o espectro.

-Máscara o disfraz (DRAE 1803).

-Animal en estado de desarrollo, cuando ha abandonado las cubiertas del huevo y es capaz de nutrirse por sí mismo, pero aún no ha adquirido la forma y la organización propia de los adultos de su especie.

Larvado: Disfrazado.

Larval (DRAE 1803): Lo que pertenece a la larva.



Con respecto a la acepción "máscara" comentar que los romanos tenían en sus casas máscaras que representaban los antepasados de la familia. La locura parecía un rasgo común en las larvas, pues se creía que un tipo de espíritu loco llamado "manía" era la madre de las larvas. Para Apuleyo las larvas o almas de los hombres perversos no tenían morada.



A comienzos del siglo XII, en el Summarium Heinrici –obra que da en antiguo alto alemán la traducción de términos latinos sacados de las Etimologías de Isidoro- encontramos un curioso comentario de mania, “espectro”, palabra rara, esencialmente conocida por una obra de Novo (siglo I) titulada Mania medica (el espectro médico). El redactor del Summarium, en efecto, escribe: “Aparecido, es decir, alienado” (mania i. insanie). La observación es a primera vista sorprendente y merece comentario. Según Ebrio Flaco (siglo I), Manía era la madre o la abuela de las larvas, nombre genérico de los mal muertos y de los aparecidos. Las glosas latinos de la Antigüedad comentan el plural maniae como “personas deformes, espíritus terroríficos”. Asimilado a larva –Marciano Capella escribe: larvae ac maniae-, el término no desaparece por completo y lo volvemos a encontrar en A. Cornelio Celso, médico contemporáneo de Tiberio, pero es cada vez menos frecuente. En este último sabio, nos enteramos de que insania designa las enfermedades mentales en general; pues bien, los antiguos consideran que éstas son un castigo de los dioses, y creen que, la mayoría de las veces, el alienado está poseído por una fuerza invisible, en este caso una larva.




Según San Agustín (s.V):



Dicen los platónicos que las almas de los hombres son demonios, y que de los hombres se hacen lares, si tienen buenos méritos; lemures o larvas, si los tienen malos; y, en cambio, se hacen manes si es incierto tengan buenos o malos méritos.


En opinión de San Isidoro (s.VII):



Son los demonios que inicialmente eran hombres y se convirtieron en demonios por sus maldades. Cuentan que su cometido es aterrorizar a los niños y aullar por los rincones tenebrosos. Hay quien piensa que provocan la epilepsia.



Es importante la definición de Isidoro porque da rasgos fundamentales de las larvas que nos serán de gran utilidad posteriormente. No queda ahí la información aportada por el sabio hispalense, pues decía que la gente suele llamar lunáticos a los epilépticos porque el ataque de los demonios insidiosos estaba relacionado con el curso de la luna. Los lunáticos son personas poseídas por larvas (larvaciti o posesos). Pensaba que la epilepsia (también llamada "mal caduco") se produce en la fantasía del cerebro. Actualmente lunático es un loco que muestra su demencia a intervalos.



En las glosas medievales europeas, larva equivale a draugr, pero también a íncubo, troll y ephialte. Según algunos clérigos medievales, lemur es un lar que posee un cadáver, pero también los definen como demonios nocturnos. Lemur y larva tomaron el mismo significado en la Edad media. Los aparecidos van siendo relegados poco a poco al ámbito de la brujería, y ya en el siglo XI, al otro lado del Rin, hay una glosa que comenta así el término larvae: “Llamamos larvas a las sombras o demonios hechos de hombres, es decir, aparecidos” (señalemos de paso que en inglés antiguo existe todavía gedwimor, que designa a los fantasmas; las glosas lo dan para los lemas latinos fantasma, fantasía, nebulo y necromantia), y la traducción propuesta es dalamascha, donde volvemos a encontrar masca, “bruja”. Todos estos datos serán cruciales para establecer equivalencias entre la larva y otros espíritus que seguramente eran mismo perro con distinto collar.



El scrat: Es el nombre que se usó en el norte de Europa en lugar de larva. En el primer registro, scrat (gritón) traduce la noción de difunto maléfico y aparecido (larva, monstrum), acepciones a las que, del siglo IX al X, se añade la noción de máscara, masca –vocablo que significa también “bruja”- y thalamasca. Este último término es revelador de la naturaleza profunda del gritón: gracias a Ingemar de Reims (m.882), sabemos que thalamasca designa una especie de máscara que se llevaba en unas mascaradas que se celebraban en los aniversarios de los difuntos.



En el siglo X, en Inglaterra, scraette, hoy scrat, “lutin”, se da por “necromancia, aparecido” y “fantasma”, y cien años más tarde se añade el significado de “pesadilla” (ephialtes), lo que confirma las muestras alemanas de la misma época, que lo convierten en íncubo o íncuba, un espíritu que se te echa encima. En el siglo XI, a ambos lados del Canal de la Mancha, el gritón es también un brujo que practica la magia negra, nigromancia, deformación de necromancia, la adivinación por medio de los muertos, y el gritón practica la ilusión y la prestidigitación. Los elementos de ese primer registro justifican la presencia, en el folklore, de gritones que no son otra cosa que muertos prematuros, personas asesinadas o muertas por accidente, en una palabra, todas las categorías de difuntos que se convierten en espectros, en aparecidos.



Hasta una época reciente, el Schrat, en Alemania, se consideraba que era un niño muerto sin bautismo o un difunto de la familia, y que se cuenta la coincidencia. Este sentido también está documentado en el siglo XV, en que el poeta Hans Vintler escribe: “Mucha gente piensa que el Schrat es un niño pequeño, tan rápido como el viento, y un alma en pena”. Esta relación del gritón con la muerte surge también en una curiosa superstición anotada en Carintia: allí, Schrat es el nombre de la carcoma, y tiene por sobrenombre “martillito de los muertos”, pues oírlo significa que se acerca la hora de la muerte de quien lo oye.



Pasemos al segundo registro. En las glosas, Schrat se define a veces como “mal lar”, es decir, como mal genio doméstico, y los lares, como todos sabemos, son también buenos muertos elevados a la categoría de divinidades tutelares. Si damos por buena la lectura del único texto en que el Schrat ocupa un papel prominente, El pequeño Schrat y el Oso polar (siglo XIII), constatamos que tiene los rasgos de un lutin, de un duende que habita en una casa rural. Pero en 1460, Michael Beheim reproduce una opinión muy extendida entre sus contemporáneos y dice: “Mucha gente cree que cada casa tiene su pequeño schrat que trae la fortuna y aumenta el prestigio de quien lo honra”. ¿Cabe mas claridad? En 1482, un vocabulario latín-alemán traduce penates por schrat. El carácter tutelar y doméstico de este individuo está bien establecido.



Veamos el último registro. Entre el siglo IX y el XIII, Scrat se da por “fauno, íncubo, Piloso, monstruo/espectro, hombre de los bosques” –tal vez equivalente, aquí, de “hombre salvaje”-, “isleño” y “sátiro”. En un documento del siglo XI, incluso es sinónimo de alp, o sea, “elfo, pesadilla”. A los lemas faunus y satirus corresponde el compuesto waltscrat, “El gritador de los bosques”. En los cuentos populares, nuestro amigo ya no es más que una especie de enano. Es sorprendente, reconozcámoslo, ver que un mismo individuo posee tantos papeles, facetas disntintas –muerte, simulacro de difunto, espíritu campestre y silvícola, brujo, pesadilla-, pero, si lo miramos más de cerca, solo el último registro contrasta verdaderamente con el conjunto. En efecto, difuntos y genios domésticos corren parejas en las creencias de la Alta Edad media, cosa normal puesto que durante mucho tiempo se inhumaba a la gente en su propia casa.



Así pues, no debemos dejar que nos despisten los epítetos negativos que utilizan los clérigos en sus comentarios. Se explican por la diabolización del Schrat –demonización que tiene siete vidas, puesto que hoy, en Inglaterra, al diablo se lo llama Old Scratch-, así como por toda una serie de corrimientos y de emparejamientos abusivos.



Relatando un suceso anterior a 1135, Hugo de Mons utiliza faunus para un ser que se compartaba así:



A menudo se divertía a expensas de la gente asombrada e incrédula con pedazos de vajilla o con algún otro tipo de objeto asqueroso. A menudo, con pedradas repetidas y como lanzadas por una fuerza hercúlea, golpeaba el tejado y las paredes de la casa y, sin que lo viesen, desplazaba de un lugar a otro entablados, cojines, bandejas, copas y cántaros. Encendía candelas con un fuego distante y, mientras se cocían los alimentos, o cuando los ponían sobre la mesa, metía en ellos, a escondidas, asquerosas bolas de grano o de ceniza.



¡Ese no es el comportamiento de un fauno! Además esta criatura es invisible, se comporta como un lutin (carácter travieso) y como un espíritu golpeador (pedradas). Prosigamos el hilo del relato:



Mandan llamar a sacerdotes que exorcizan la casa con abundante agua bendita y conjuran al espíritu para que se ponga a hablar: dice que se llama Garnier y que es el difunto hermano del propietario del lugar. Añade: “¡Ay de mí, porque cuando venía de tierras lejanas, y con cuántos peligros, sufrí tormentas, nevadas y frío! ¡En cuántos fuegos he ardido y cuántas interperies he soportado para venir aquí¡ Nicolás, hermano mío, cuñada mía, sobrinos y demás amigos, nada temáis, pues no se me ha concedido el poder de causar mal a nadie; pero proteged vuestra frente y vuestro corazón con la señal de la cruz, porque vinieron conmigo malvados tropeles, ávidamente deseosos de hacer el mal, y conmigo partirán. Para que alcance a separarme de su pernicioso camino y para que goce plenamente del reposo eterno, haced celebrar mañana una misa en honor del Espíritu Santo, y también otra por la salvación de los fieles difuntos...



¡Maravilloso texto, admirable reflejo de las creencias de antaño! El fauno es aquí un espectro: las pedradas son una de las formas del lenguaje de las almas del purgatorio o de los difuntos sin sepultura. Este espectro se comporta también como un lutin. No cabe ninguna duda de que faunus resulta totalmente inadecuado y recubre otra noción, otro vocablo de la lengua vernácula, pero, ¿cuál? La figura del fauno en la Edad Media no se ha estudiado nunca, por eso señalaremos una extraña leyenda que cuenta el Liber monstrorum, cuyo manuscrito más antiguo data del siglo IX:



Los faunos nacen de los gusanos que han visto la luz entre la corteza y la albura; luego, descienden a tierra, cobran alas, las pierden a continuación y se transforman en hombres de los bosques.



Comparemos este nacimiento con el de los enanos de la mitología germánica: primero eran larvas en el cuerpo del gigante Ymir... Agregaremos que faunus, como satyrus, es el nombre de una mariposa, la esfinge (acherontia atropos), y que también Schrat es el nombre de una mariposa. Un misterio más... (la mariposa esfinge tiene dos especies: una de la vid y la otra ataca la patata, es grande y muy coloreada, tiene costumbres nocturnas y a menudo presentan un cuerno caudal).



Según Filóstrato (ss.II-III), una aldea de Etiopía, frecuentada por el fantasma de un sátiro, loco por las mujeres (a dos de las cuales había matado ya, desencandenando el terror entre la población), recurrió a los servicios del mago Apolonio de Tiana, quien ordenó escanciar cuatro ánforas de vino en el abrevadero en el que bebía el ganado:



Apolonio llamó al sátiro, invocándolo por medio de un conjuro secreto, y éste no se dejó ver aún, pero el vino bajó de nivel, como si fuera bebido. Y cuando el sátiro hubo acabado de beber, dijo Apolonio: “Hagamos la paz con el sátiro, pues está dormido” y dicho esto, llevó a los aldeanos a una gruta de las ninfas que distaba apenas a un pletro de la aldea, les mostró al sátiro que estaba durmiendo y dijo que se libraran de golpearlo o injuriarlo. Ahora han cesado sus insensateces.


Puede el lector comprobar lo polifacético de la larva y su equivalente el scrat, no ha sido nada fácil cazarlo y clasificarlo convenientemente. Con el transcurrir del tiempo y la cristanización casi total de la Europa rural en el s.XV, este ser que tanto respeto causaba a los campesinos, pasó a convertirse en algo esperpéntico que solo servía para amedrantar a los niños o como protagonista grotesco de algunos cuentos. No me cabe duda que en España algunos asustaniños como el bu, la bubota, el papu o la paparresolla, debido a sus características, proceden de las larvas. Pero eso es historia para otro día...


El Basajaun: Basajaun significa en euskera "señor salvaje" o "señor de la selva". En Aragón es denominado basajarau, bonjorau, bosnerau o señor salvaje, tiene figura humana y de alta estatura, con el cuerpo cubierto de pelo y un pie de forma circular. Es el genio protector de los rebaños. A veces se le representa como un genio maléfico, aunque en varias leyendas se le señala como el primer agricultor que enseñó a los hombres el cultivo de los cereales, la invención de la sierra, del molino y del modo de soldar el hierro. Según las leyendas habita en un bosque de Irati con su compañera llamada Basa Andere, la señora salvaje, aunque su presencia se confunde a veces con las lamias y las sorguiñas. En los bosques pirenaicos aragoneses se le considera un genio protector contra las alimañas y las tormentas. 


Las ovejas indicaban su presencia con una unánime sacudida de cencerros. Cuando se acercaba una tempestad o los lobos, daba gritos y silbidos en la montaña para prevenir a los pastores. A cambio, los Basajaun reciben como tributo un trozo de pan que recogen mientras los pastores duermen. Es un personaje similar a los encontrados en todo el continente Euroasiático en forma de yetis y demás "hombres del Bosque". Es el basajaun, seguramente, la versión española del scrat u "hombre salvaje" que tanto gustaba gritar.


Un caso real: En su libro "Enigmas sin resolver", Iker Jiménez relata un caso de una familia afectada por una especie de larva, no parece tratarse de un fraude, pues hay documentos oficiales de la policía que atestiguan fenómenos paranormales en la casa.

Ocurrió en la casa de la familia Gutiérrez Lázaro ubicada en Vallecas un barrio céntrico de Madrid. Los hechos comenzaron con una frase que pronuncio el convaleciente padre de Concepción Lázaro que acurrucado en su cama y de una manera agresiva le dedico estas palabras a su hija: "Te haré mucho daño en la vida...."

Unos días mas tarde la hija de los Gutiérrez, Estefanía comenzó a practicar el "juego" de la ouija con sus amigas de clase, esto le provoco un cambio de carácter y no se sabe si debido a eso empezó a sufrir convulsiones que los médicos denominaban patologías epilépticas.

Una de las tantas veces que practicaba espiritismo se encontraba con sus compañeras en el patio del colegio cuando de pronto el vaso que usaban para hacer la ouija se rompió en mil pedazos saliendo según sus compañeras un humo de color negro que se introdujo en la nariz de Estefanía, provocándola un coma que a las pocas horas se convertiría en una catalepsia severa y muriendo unos días mas tarde por fuertes convulsiones en su cama.

Desde el momento en que se produce la extraña muerte comienza el infierno para la familia Gutiérrez Lázaro. Unos gritos de mujer diciendo en todo muy alto ¡mamá! ¡mamá! levantan a toda la familia en plena madrugada. Al abrir la habitación comprueban que la cama esta todo revuelta como si hubiese pasado alguien por allí. A la noche siguiente la familia oye como una especie de soplido que según se va acercando a las habitaciones se convierte en una carcajada según ellos de un “anciano”.

También ocurrían sucesos a plena luz del día, uno de los cuales encontrándose toda la familia en el salón observaron como las puertas empezaban a abrirse y cerrarse y como un “puño” invisible golpeaba todas las paredes del inmueble, era tal la inseguridad que tenían que decidieron colocar un colchón en la puerta para que no se abriese. Pero no dio resultado porque una especie de aire huracanado abrió de forma violenta otra vez la puerta empujando todos los muebles hasta la pared de enfrente.

Hacia el día 24 de ese mes, las dos hermanas que comparten una habitación con literas describen una imagen horrorosa en plena madrugada:



“Se oyó como un silbido por el pasillo, algo que ya habíamos escuchado otras noches. De repente oímos las dos como un lamento muy cerca de la puerta del dormitorio. No podíamos ni subir una ni bajar la otra por el terror, De pronto, en el suelo notamos algo. La luz de las farolas entraba por la ventana y se veía con claridad. Por eso observamos que había alguien mas allí con nosotras. ¡Creímos morir! Una cosa larga, con forma de hombre, como si un hombre se arrastrase, con la cabeza toda negra, sin ojos, sin boca sin nada, iba con el pecho pegado al suelo, deslizándose a lo largo de la habitación. Empezamos a gritar y justo entonces las muñecas que tenemos amontonadas en la pared empezaron a ser lanzadas contra el otro extremo con fuerza, una tras otra y empezó a sonar todo como con golpes y gritos. Cuando abrieron la puerta nuestros padres nos encontraron encogidas en la cama y todas las muñecas tiradas por el suelo”.

Pero sin duda uno de los hechos que mas relevancia tienen en este caso es la actuación de la policía nacional.

El 27 de Noviembre de 1992 dos coches de policía parten de la comisaría del distrito de Vallecas dirección a la calle Luis Marín, cuando llegan se encuentran con una familia angustiada por los fenómenos que se están produciendo en ese mismo momento.

Según el documento oficial se puede leer : “A las 2:40 horas, por el canal 7 de H-50 llama el Z-2 y manifiesta que , una vez se ha entrevistado con la familia y observado el interior de la casa, según comunica, se le ha puesto el vello de punta...

Estando sentados en compañía de toda la familia, pudieron oír y observar como una puerta de un armario perfectamente cerrada, cosa que comprobaron después, se abrió de forma súbita y totalmente antinatural....

Momentos después pudieron percatarse y observar como en la mesita que sostenía el teléfono, y concretamente en un mantelito, apareció una mancha de color marrón consistente que el Z-2 identifica como babas.....

En el recorrido que hicieron por diversas habitaciones de la casa observaron un crucifijo de madera al que, el fenómeno al que estamos haciendo referencia le había dado la vuelta, arrancándole el Cristo adherido al mismo...



Que, según manifiesta una de las hijas, tomo el Cristo del suelo y lo adhirió detrás de la puerta de la habitación junto a un póster produciéndose también de forma súbita y extraña tres arañazos sobre el citado póster...”

Como conclusión los cuatro agentes certificaban que en aquella casa “hay una serie de fenómenos de todo punto inexplicables".

Con el paso de los años estos fenómenos según la familia han disminuido en intensidad pero todavía se siguen produciendo en determinados momentos....

   

domingo, 25 de marzo de 2012

Moros y gentiles


Los seres legendarios peninsulares llamados "moros" y "gentiles" están más conectados a los muertos primitivos de que lo puede parecer. Existen algunas palabras referidas a los difuntos que nos llegaron al español desde tierras muy lejanas al este. Son bastante antiguas -seguramente prerromanas-, vocablos que solo adquieren sentido si se estudian en un contexto geográfico y temporal muy concreto. Como ocurre siempre, el tiempo no pasa en balde: nuevas civilizaciones conquistan la Península Ibérica, lenguas, culturas y creencias barren y tergiversan lenta pero inexorablemente lo que un día fue importante. Hoy solo queda un puñado de términos y leyendas que a nuestros ojos carecen aparentemente de sentido.  



Es difícil saber de modo exacto quienes fueron los responsables de esta rica cultura mortuoria que ya era vieja para nuestros antepasados de la Edad Antigua y medieval. Sin embargo, al dedicarme a estudiarla en profundidad he llegado a la conclusión de que algo tuvieron que ver en ello los antiguos íberos. Curiosamente, los griegos llamaban iberos a un pueblo de la actual Georgia, conocido como Iberia caucásica, con los que aparentemente, no tienen ningún parentesco. Al principio, los griegos utilizaron la palabra íbero para designar el litoral mediterráneo occidental, y posteriormente, para designar a todos las tribus de la Península. También llamaban Iberia al conjunto de pueblos de la Península.





Una hipótesis sugiere que llegaron a la Península Ibérica en el periodo Neolítico, y su llegada se data desde el quinto milenio antes de Cristo al tercer milenio antes de Cristo. La mayoría de los estudiosos que adoptan esta teoría se apoyan en evidencias arqueológicas, antropológicas y genéticas estimando que los iberos procedían de las regiones mediterráneas situadas más al este. Sin llegar a la identificación plena entre lenguas, muchos estudiosos de la lengua ibera reconocen ciertas afinidades entre la lengua ibera y la lengua vasca, o más correctamente, con su variante más antigua: la lengua aquitana, hasta el punto que para algunos, estas afinidades ya serían suficientes para afirmar que pertenecen a la misma familia. Aunque estas afinidades son generalmente interpretadas como una influencia de tipo sprachbund más que como una muestra de parentesco filogenético real.


La lengua ibera, en sus diferentes variantes, se hablaba en la amplia franja costera que se extiende desde el sur del Languedoc-Rosellón hasta Alicante, y penetraba hacia el interior por el valle del Ebro, el valle del Júcar, el valle del Segura y el alto valle del Guadalquivir hasta el río Guadiana como límite noroeste. Las inscripciones en lengua íbera aparecen sobre materiales muy variados: monedas de plata y bronce, láminas de plomo, cerámicas áticas, cerámicas de barniz negro A y B, cerámicas pintadas, dolías, ánforas, fusayolas, estelas, placas de piedra, mosaicos, etc. Es, con diferencia, la lengua paleohispánica con más documentos escritos encontrados, unos dos millares de inscripciones, que representan el 95% del total.






Suelen muchos investigadores ignorar o quitarle importancia a que los antiguos griegos relacionaban a los íberos con los escitas, quizá porque los propios íberos se consideraran escitas o bien por su similitud con dicha cultura. 


En efecto, afirmo, a partir de la opinión de los antiguos griegos, que así como los pueblos que habitan hacia el septentrión eran conocidos con el nombre de escitas o nómadas, según los califica Homero, de igual modo que los pueblos que se conocieron en Occidente fueron llamados después celtas, íberos o con nombre mixto, celtíberos y celtoescitas, citando por desconocimiento pueblos distintos bajo una misma designación.


ESTRABÓN (Geografía III)


Es el típico caso de saber más de lo que ocurrió hace milenios que los propios habitantes de la época: pura vanidad. Veo falta visión de conjunto para enfocar con seriedad el tema, hay demasiados estudiosos altamente especializados en una materia (arqueólogos, historiadores, filólogos, etc.) que dan una visión parcial de los hechos al carecer de un mínimo de conocimientos en otros campos. El ámbito de las armas es un claro ejemplo del que puedo dar fe, los etimólogos no saben nada de armas antiguas y por ello pifian a menudo en sus conclusiones, al igual que los historiadores sin conocimientos filológicos.  



Las palabras (las cuales quedan grabadas como huellas) y leyendas de claro origen caucásico me llevaron a estudiar la religión escita. Pese a quien pese, las palabras dejan pistas valiosísimas que ayudan a investigar en la dirección correcta. Me llevé gratas e impresionantes sorpresas en mis pesquisas que deseo compartir con el lector, mi intención no es buscar una verdad absoluta al respecto, tan solo mostrar unos paralelismos que no deben ser casuales. Los pueblos escitas (o como quiera que se llamaran en la Prehistoria) eran nómadas acostumbrados a largos recorridos, llegaron a la Península por oleadas y aunque compartían una cultura común, había diferencias entre las distintas tribus. Quizá arribaran desde el norte de África u otros lugares del Mediterráneo por medio de barcos.



Los antiguos escitas tenían la costumbre de enterrar a sus muertos en necrópolis subterráneas situadas lejos de sus poblados, habitualmente en zonas rocosas o montañosas. Era común que los nobles al fallecer se llevaran al otro mundo a sus animales y sirvientes para que continuaran llevando el mismo tren de vida. Tenían una fuerte convicción sobre la vida de ultratumba, los muertos seguían viviendo en un mundo paralelo al terrestre. Esta bárbara costumbre generó multitud de leyendas en el Cáucaso durante los siglos venideros acerca de los túmulos y sus moradores. En todas las culturas de la antiguedad las personas ejecutadas prematuramente estaban destinadas a vagar por la tierra cargando el sambenito de su desgracia, los romanos los llamaron "lémures", eran espíritus nocturnos que podían ser potencialmente peligrosos para los vivos.



Los contemporáneos de los escitas los consideraban muy salvajes y sanguinarios porque tomaban la sangre de su primera víctima en una batalla y vestían con cueros cabelludos humanos así como usaban cráneos humanos (en ocasiones de sus propios amigos y familiares que habían matado en alguna querella o duelo) como vasijas. A nivel arqueológico se han descubierto numerosos objetos artesanales de oro de gran elaboración con motivos equinos, pues eran excelentes jinetes, expertos en hacer lazos e inventores-usuarios del arco de nervio, o retratando su vida cotidiana. Las tumbas de los reyes eran grandes túmulos (kurganes) donde eran enterrados junto al monarca sus más cercanos sirvientes (tras estrangularlos), concubinas y hasta caballos. Hornos metalúrgicos se han hallado cerca de los kurganes, así como minerales de hierro, los escitas era unos excepcionales maestros de la metalurgia. Como ocurre con todas las culturas con clara inclinación a la muerte, la brujería debió ser importante en su religión. Será de gran ayuda que su lengua pertenezca a la familia indoeuropea.



En la zona siberiana de las montañas Altai, existen multitud de kurganes hechos antaño por los pueblos escitas. Construían los kurganes en los lugares donde pasaban el invierno. Eran auténticas pirámides de piedra en las que se momificaban a los muertos. Hoy día se han detectado anomalías magnéticas en estos pedregales. Existen grandes dibujos sobre las piedras con escenas de caza, en las que se incluyen humanoides con cabeza de hongo, según cuentan las gentes del lugar se trata de la amanita muscaria, seta empleada por los chamanes para entrar en trance. En España y el norte de África existen dibujos similares de estos humanoides con cabeza de hongo. Entre los habitantes de la república de Altai el chamanismo está bastante extendido, aquellos que quieren acercarse a los kurganes suelen hacer ofrendas al Señor de la montaña, en forma de piedras o colgando trozos de tela en ramas de árboles sagrados o arbustos. Esto evita accidentes o percances inesperados a los fieles que se acercan a los altares. Los griegos ubicaron a las Gorgonas en este lugar, quizá estén relacionadas con las brujas escitas.



Las leyendas cuentan que los muertos (llamados anti-hombres) a veces bajan a los valles y se aparecen a los campesinos, y con tretas, intentan llevárselos a vivir con ellos a sus ciudades subterráneas. Estos aparecidos forman una comunidad con una cultura e idiosincrasia común tan previsible como extraña a los ojos de los habitantes actuales del lugar. Las leyendas (y los testigos del fenómeno) hablan sobre visiones de fantasmas vestidos con trajes antiguos, mujeres montadas a caballo que desaparecen misteriosamente, etc. En otras ocasiones, los testigos sienten como si el tiempo se parara en los lugares cercanos a los kurganes.



Dicho esto vamos a concentrarnos ahora en las leyendas existentes en España sobre los túmulos, mehires y otras construcciones pétreas milenarias tan ricas en leyendas. Con estrecha relación a ellos se encuentran dos pueblos míticos: los mouros o mairuk y los gentiles. Gentil tiene como raíz gen- (dar a luz, parir), del latín gens (raza, clan), de donde deriva el adjetivo gentilis (perteneciente a la misma familia). Entre los judíos, se dice de la persona o comunidad que profesa otra religión. En Perú se dice de los habitantes anteriores a los incas. También es sinónimo de pagano.



Los jentilak, gentiles o paganos, son unos gigantes de la mitología vasca dotados de fuerza sobrehumana. Se dice que lanzaban grandes peñascos hasta lugares lejanos (quizá inventaran el juego de pelota vasca) y son los contructores de multitud de cromlechs y dólmenes. Se les achaca el haber inventado la metalurgia y la agricultura, ellos enseñaron estos conocimientos a los humanos. Leyendas tardías cristianizadas cuentan que algunos santos lograron robarles conocimientos valiéndose de todo tipo de tretas. Los gentiles parecen representar al propio pueblo vasco pre-cristiano, montañés por excelencia. Solían habitar en montañas y se negaban a abandonarlas para vivir en los valles. Los gentiles dejaron multitud de topónimos en cimas, dólmenes, montañas, cuevas (algunas usadas como ermitas) y peñascos.



Una leyenda narra el final de los gentiles, acontecido cuando éstos divisaron una extraña luz en el cielo. No sabían qué podría significar y fueron a buscar al más anciano y sabio entre ellos. Cuando los cansados ojos de éste consiguieron divisar el fenómeno dijo: "Esa luz anuncia la llegada de Kixmi (Cristo), es el fin de nuestra raza." Y dicho esto, todos los gentiles corrieron a una sima para esconderse bajo tierra. Los gentiles también existen en la mitología catalana, concretamente en una leyenda del pueblo de Vallgorguina, cerca del que se encuentra un enorme dolmen, denominado la pedra gentil, donde según la tradición de la zona se solían reunir las brujas de los contornos para preparar sus maldades. Según cuenta la leyenda los vecinos del pueblo a menudo veían cerca del dolmen ropas puestas a secar al sol por los gentiles, pero si alguien se acercaba a verlas, desaparecían de inmediato.



Otro pueblo tomado como sinónimo de los gentiles son los moros, mouros en Galicia y mairuk en País Vasco. La palabra tiene como raíz el indoeuropeo mer-, que incluye cuatro acepciones:



1-Parpadear, oscilar, vacilar.

2-Dañar, borrar.

3-Morir.

4-Atar, ligar



Moro es una palabra homónima con dos raíces y significados, una es el céltico mrvos y la otra viene del latín maurus. La palabra moura (moira, maura) (medieval mora), femenino de mouro, parece originaria del céltico mrvos y el indoeuropeo mr-tuos que originó en latín la palabra "muerto" (mortuus) y en portugués y gallego "morto". El céltico mvros (en galo marvos) designaba a los muertos o a un ser espiritual que se peinaba con un peine dorado. De esta misma raíz céltica, el nombre moor es también utilizado para designar a los niños no bautizados, significando pagano o no cristiano. Así que la misma palabra tenía significados distintos según el uso que se le daba.



Cuando se hablaba de pueblo mítico (como los gentiles), se empleaba la acepción "no-cristiano", de hecho los moros fueron denominados de muchas formas en distintas partes de Galicia: Árabes, xentiles, franceses, carlistas, soldados, fenicios, romanos, vikingos, celtas, sarracenos, cartaxineses, negros, forasteros, primitivos, indios y encantos entre otros. Como vemos destaca la idea de pueblo foráneo, antiguo y pagano con unas características que le son propias, al igual que los gentiles.



Sin embargo cuando prima lo individual (mora/moro), la acepción es "atar, ligar", o sea, lo que en el campo mágico significa "encantar". En la Península las moras suelen llamarse con frecuencia "encantadas", pues están ligadas a un lugar concreto que no pueden abandonar sin que se cumplan unas condiciones muy determinadas que propone la mora al humano: darle un beso mientras se convierte en serpiente, guardar una promesa, etc., si sale bien el afortunado logra casarse con ella y disfrutar del tesoro o del oro (de aquí viene "el oro que cagó el moro"), de lo contrario el fin suele ser dramático. 


Esto nos mete de lleno en el origen peninsular de los cuentos de princesas encantadas. Las moras suelen estar custodiadas por un moro (encanto) que la vigila a ella y a su tesoro enterrado. Las moras habitan normalmente castros, castillos, mámoas (túmulos) y otras construcciones megalíticas, pero también en fuentes y orillas de rios.  Como curiosidad contar que entre los piratas era habitual tras enterrar un tesoro asesinar a alguien y dejar allí su cuerpo para que su espíritu lo custodiase. Según se dice, estos espíritus tomaban forma de pelota de fuego. 



En Galicia, el "encanto" puede ser un hombre o mujer esclavizado por el demonio (o un mouro) que vive bajo tierra en cuevas, fuentes y rios. Suelen ser maléficos para con los humanos, ya que aquellos excesivamente curiosos o los que pierden un objeto recibido pagan con su vida el error. Nada tienen que ver los musulmanes (moros) en el asunto, a menudo las palabras engañan cuando se parecen unas a otras. Por otro lado la diosa vasca Mari (maya, mah, mairi, maiti, maida) significa en algunas partes de Euskadi "señora", y va acompañado luego del nombre de la montaña o caverna donde suele aparecer. Pertenece a la misma familia etimológica, estamos en realidad hablando de "muertos" o fantasmas, personas de carne y hueso que vivieron hace mucho tiempo en una sociedad pagana con importantes creencias mágicas. El hecho de que muchas moras/moros se conviertan en serpientes no los alejan de los difuntos: hay multitud de leyendas de ánimas (almas en pena) en las que el fantasma se convierte en diferentes animales sin perder su condición humana. El genio o ánima (hamr en el mundo normánico) del individuo tenía la capacidad de cambiar su forma humana a otra animal, siendo los brujos los que sabían dominarla adecuadamente.


Y hablando de brujas, las lamias están también íntimamente ligadas a estos lugares y a los moros en las leyendas. En muchos países europeos lamia era sinónimo de bruja, pero también designaba el espíritu de una bruja (viva o muerta) con gran habilidad para cambiar de forma, nuestros mitos están llenos de lamias con patas de cabra, oca y otros animales. Como sucedía con las brujas, las había buenas y malas. Es palabra que viene desde Grecia, posiblemente de origen iraní o escita.



En otros países nórdicos tenemos parecidas o similares leyendas relacionadas con las moras, me viene ahora a la cabeza la de la diosa irlandesa de la guerra Morrigan (literalmente "reina mora"), es un todo un mundo por investigar. No parece extraño que en Irlanda haya leyendas muy parecidas a las españolas, pues hay historias allí de la llegada de íberos hispanos (principalmente desde Galicia y País Vasco) a tierras irlandesas. Parece que los íberos eran viajeros incansables. La gaita irlándesa y su música tiene gran parecido con la música folclórica gallega, así como las runas, lenguas (gaélico y gallego) e inscripciones halladas en ambos lugares. También cuentan las mismas leyendas irlandeses que los íberos llegaron a España desde el este pasando previamente por Egipto y el norte de África. Para el que esté interesado en el asunto sugiero se informe sobre el Leabar Ghabald (libro de las invasiones), uno de los manuscritos irlandeses más antiguos que existen. Os aseguro que los pelos se os pondrán como escarpias. También es muy recomendable el libro "La huella celta en España e Irlanda" (Ed. Akal) de Ramón Sainero.



Pueden comprobarse algunas similitudes entre los muertos escitas y las leyendas existentes sobre moros en España:



-Fijación a un lugar

-Los escitas y los gentiles era excelentes metalúrgicos.

-Los escitas conocían la raíz mer- en el sentido de "muerto" (sánscrito marati; persa antiguo mariyata; avéstico miryeite, etc.).

-Enterramiento de un noble (moro) con sus concubinas (moras), sirvientes (encantos) y tesoros de gran belleza metalúrgica (oro).

-Montañas rocosas y túmulos.

-Un señor de la montaña. Compárese con Mari.

-Pueblos paganos con tradición chamánica (encantadores).

-Desaparición o muerte de humanos.

-Aparición de ropas colgadas cerca de los dólmenes en Cataluña, compárese con la costumbre pagana en Altai de colgar ropas antes de acceder a estos montes sagrados.

 -Las construcciones megalíticas y estos montes suelen ser en España lugares a menudo visitados por brujas o lamias y sus seguidores hasta al menos la Edad Media, cuando aún el paganismo convivía con el cristianismo en las zonas rurales. Similares visitas se dan entre los indígenas de la república de Altai.