sábado, 7 de abril de 2012

Espíritus nocturnos



Lémures: Para los romanos y etruscos los lémures eran los espíritus de personas que generalmente murieron de muerte violenta, antes de tiempo y sin haber podido formar familia, no consiguieron por ello la condición de parientes. En las parentales (Febrero) la gente visitaba y hacía ofrendas a los muertos en los cementerios, por el contrario en las lemurias los muertos visitaban los hogares. Aparecían en las noches del 9, 11 y 13 de Mayo en sus antiguos hogares. El padre de familia realizaba una ceremonia en la que lanzaba habas hacia atrás para que el lemur las recogiese y se fuera, pues creían que podía causar problemas. En algunos textos de maleficios escritos en tablillas (defixionum) y enterrados, se apela a los muertos prematuros para que perjudiquen a terceras personas. La raíz etimológica es lem- (espíritu nocturno), de esta misma raíz se incluyen el galés llef (voz); bretón leñv (gritos, voces), lituano lemóti (anhelar, estar ansioso); letón lamat (chillar) y lamatas (ratonera). La variante con sufijo lam-ya es lamia (monstruo).



En opinión de los romanos, los suicidas se convertían en malévolos espíritus condenados a errar en el mundo de los vivos. De ahí que el suicidio se usase como última forma de venganza sobre los culpables de una gran afrenta a los que no se les podía dañar de otro modo. En las Eneídas de Virgilio, los suicidas habitan en un bosquecillo tras atravesar el rio Estige. Los insepulti eran aquellos cuyos cadáveres no habían sido enterrados por cualquier motivo. Cuando el cadáver se había perdido se hacía una ceremonia sustitutoria al enterramiento. Para Virgilio, habitaban por las orillas del Estige sin poder atravesarlo. Vagan durante 100 cien años antes de permitirseles observar la orilla del Estige. En cuanto a los condenados a muerte sin motivo vivían en el umbral tras atravesar el rio Estige. Todos ellos debían esperar al menos 100 años antes de llegar a los Campos Elíseos (si eran buenos) o al Tártaro (si eran malignos). Los espíritus mas materialistas se hallaban antes de atravesar el rio Estige. Los menos materialistas se hallaban entre el Estige y la encrucijada del Tártaro y Campos Elíseos.



Porfirio (s.III) pensaba así de los lémures:



Creían que los lemures nocturnos son las almas errantes de los hombres muertos prematuramente, es decir, peligrosas.



Según San Agustín:



Dicen los platónicos que las almas de los hombres son demonios, y que de los hombres se hacen lares, si tienen buenos méritos; lemures o larvas, si los tienen malos; y, en cambio, se hacen manes si es incierto tengan buenos o malos méritos.



Los lémures (animales) fueron llamados linnaeus por sus grandes ojos, hábitos nocturnos y por los terribles sonidos que emitían de noche. Algunos autores romanos describían a los lémures como nombre genérico para todos los espíritus de los difuntos y los dividían en dos clases: los lares, que eran los espíritus benévolos de la familia, que encantaban y protegían el domus o casa de la familia y las larvas que eran las almas sin descanso terroríficas de los hombres malvados. Pero la idea más corriente era creer que larva y lemur eran sinónimos.



Para algunos clérigos medievales, lemur es un lar que posee un cadáver, pero también los definen como demonios nocturnos. Lemur y larva tomaron el mismo significado en la Edad media. Para evitar que los espíritus de los difuntos molestasen a los vivos existe una antiquísima solución consistente en dejar granos, mijo, habas, piedras, alpiste, arroz, etc., para que el fantasma se entretuviera contando y terminara marchándose aburrido. Tenemos en España el ejemplo con los trasgos, trasnos y tardos solo por poner algunos ejemplos, todos ellos bastante molestos para los humanos. Entre los pueblos germánicos y los escitas fue común hacer túmulos con gran cantidad de rocas y piedras alrededor de la tumba, no pocas veces construían las tumbas bajo roquedales. Los romanos daban culto a los lares viales en las encrucijadas (lugares favoritos de las brujas), zonas donde el domino familiar entraba en contacto con el de los vecinos, allí había costumbre de enterrar personas para que sirvieran de guardianes, asimismo se les arrojaba piedras.


En un relato español del siglo XII, una mujer soñó que bebería la sangre de su enemigo. Tras ser derrotado se lo llevaron a ella, pero al final pensaron que la sangre de un traidor está maldita. Lo mataron y lo enterraron en un lugar donde se le pudiese tirar piedras y maldecir. Entre los judíos del Antigo Testamento era común enterrar a los enemigos poderosos sobre un montón de piedras. Entre los primeros musulmanes era esto también frecuente. En el Corán se dice:

...al cielo lo hemos protegido ante todo demonio maldito (literalmente “lapidado”).
Busca refugio en Dios del maldito (lit “lapidado”) Satanás.

A los suicidas los entierran  a veces allí donde se descubre su cuerpo, lo que obliga a ciertas precauciones, como demuestra la historia siguiente:

Cerca de Wildegg, en Argovia (cantón suizo), un cazador se colgó de un peral; lo enterraron al pie del árbol y nadie de los que pasan por allí olvida tirar una piedra a su tumba para que no regrese.

Cuando a comienzos del s.XIX Bernhard Khale visió Islandia, vio un cairn; su guía lo invitó a echar una piedra más, explicando que el obispo Gwendur había desterrado allí a un aparecido hacía más de seiscientos años.

No sabemos a ciencia cierta el origen de esta creencia, pero en manuscritos sumerios se cuenta que los dioses (annunakis) tenían la costumbre de enterrar a sus muertos bajo montones de piedras, de hecho las sagas sumerias comentan que Abel fue enterrado bajo piedras tras ser asesinado por su hermano Caín.

Los árabes creían que los espíritus de los asesinados a los que no se vengaba, seguían en sus tumbas clamando venganza, y cuando los vengaban su espíritu volaba. 

El etnólogo polaco, L. Stomna, analizó quinientos casos de muertos prematuros convertidos en aparecidos; trabajando con documentos de la segunda mitad del siglo XIX, estableció el cuadro adjunto:





                                       Nº de casos   Porcentaje



1. Fetos muertos                     38             7.6

2. Abortados                           55             11

3. Niños no bautizados           90             18

4. Mujeres muertas en parto  10              2

5. Mujeres muertas después

del parto pero antes de la

ceremonia de purificación     14              2.8

6. Prometidos muertos justo

antes de la boda                     14              2.8

7. Novios muertos el día de

la boda                                   40               8

8. Suicidas                             43              8.6

9. Ahorcados (ajusticiados)   38             7.6

10. Ahogados                        101           20.2

11. Fallecidos de muerte

violenta o no natural             15               3

12. Otros casos                      15               3

                                          _________________


                                             500              100





En algunas sagas vikingas los bebes no bautizados y las madres muertas en el parto se clavaban con una estaca en las tumbas para evitar que volvieran. En Japón el "ubume" era una madre que murió durante el parto o dejando a un niño pequeño en Tierra, retornaban frecuentemente para cuidar de sus niños, a menudo trayéndoles dulces. Llamaban goryo (espíritu honorable) al aparecido aristocrático vengativo, especialmente aquellos que fueron martirizados. Mientras que el funayurei (espíritu marino) era el fantasma de aquellos que murieron en el mar. Siempre se ha temido el regreso de los niños que han muerto sin recibir el bautismo. A lo largo del rio Moldau, se dice que hay que bautizar a los pequeños aparecidos que uno se encuentra y darles un nombre; la fórmula que hay que pronunciar es la siguiente: “si eres un niño, te llamarás Adán; si eres una niña te llamarás Eva”.


El trasno: El trasno podría ser el equivalente español al lémur, pues parece abreviación de "trasnochar", debido a que todas sus correrías las realiza de noche. En Galicia se le conoce también con otros nombres: patanexo, zucio, perico, proviso, perello, enemigo, xudas, pecado. El trasno es temido debido a que es un gran urdidor de tensiones. Las mujeres de la parroquia de Asados (Rianxo) atesoran una poderosa oración para reducir al trasno e impedirle su inoportuna entrada en la casa:



Trasniño, trasnote, da palma da man furada sete veces rodarás a custodia sagrada antes que entrares na miña morada.



Queda claro su carácter negativo, sin embargo otro de sus rasgos son las travesuras infantiles. Se le denomina también demo pequeno, demo cativo y algunos lugares como "un discípulo menor do demo". Suele decirse que el trasno es un espíritu malo que no tiene valor ni poder para hacer daño, solo para asustar. En ocasiones el nombre "trasno" provoca miedo a los niños, pero en los adultos solo provoca la risa. Llaman "trasno" el niño muy travieso. Adora las transformaciones animalescas, entre ellas los caballos, carneros, toros, corderos, alguna vaca, gatos, ovejas, terneros, conejos, cerditos, burras blancas, gallinas, bueyes, alguna rara corza, raposa, bueyes y búhos. Aunque los caballos, carneros y ovejas son sus favoritos para las trastadas.



Una de sus bromas favoritas consiste en convertirse en animal despistado y esperar que alguien lo recoja, una vez que la víctima lo carga empieza a pesar poco a poco hasta que el pobre campesino se ve forzado a soltarlo, algo parecido a las bromas del tardo. Otra de sus granujadas consiste en transformarse en caballo y esperar que alguien lo monte cerca de un rio, una vez que el jinete se sube a la grupa, el trasno desaparece de repente al cruzar el rio y la víctima se da un buen remojón. Otra de las felonías del infame trasno es dejarse acurrucar y acariciar por mujeres disfrazado de corderito o niño pequeño llorón, para luego aprovechar y ver a las mujeres desnudas. Finalmente se despide diciendo: "Jujurujú que te vi las tetas y el cu".



 A veces se le dejaba una taza de mijo en la cocina, la cual terminaba derramando y como tenía las manos agujereadas no podía contarlos y desaparecía. El trasno en algunas localidades de Galicia abraza y oprime: Relatos con superficiales variantes fueron recogidas por Lisón Tolosana en muchas áreas donde le dijeron que “si no se acostaba sin persignarse o trasno acuñaba”, es decir le apretaba en el pecho. Tambien aprieta en la garganta causando daño o al menos molestia y temor. Pienso que "trasno" esconde a muertos prematuros de cualquier sexo y edad, siendo los trasnos infantiles los más nombrados en las leyendas gracias a la ridiculización y cristianización que sufrió. Al igual que los lémures, desaparecía de las casas contando semillas...

El rey San Fernando (siglo XIII) ordenó traducir al castellano el Fuero juzgo visigodo, allí se habla de un tipo de maléfico o encantador con poder sobre el pedrisco y otras maldades:



Los proviceros, o los que hacen caer la piedra en las viñas o en las mieses, hablan con los diablos (provizos) y turban las voluntades de los hombres, hacen cercos de noche y sacrifican a los diablos.



Recordemos que "proviso" es otro nombre dado al trasno en Galicia. Estos proviceros –dice el códice- también eran consultados junto a los adivinos, sorteros y encantadores para ver si una persona viviría o no. En el glosario de las Partidas definen al provicero como un astrólogo o agorero, sin embargo con toda seguridad se trataba de un nigromante o brujo.

Gaueko: En vasco significa "nocturno". Espíritu nocturno que castiga a quienes se aventuran en la oscuridad y que no permite que se efectuen tareas tras el toque del Ángelus. En algunas leyendas aparece en forma de vaca e incluso en una de ellas con forma de león. El gaueko es invisible y se oculta en el viento nocturno, haciendo sentir su presencia mediante una ráfaga de aire que eriza el cabello a quien la siente mientras le invade una sensación de temor. Es común en el País Vasco y norte de Navarra, así como en el suroeste de Francia. 

Su contrapartida es el guargi o gauarguia (literalmente "luz nocturna") espíritu nocturno que se invoca en Guipúzcoa para luchar contra las pesadillas provocadas por el Inguma. En otras partes se dice que se manifiesta en forma de luces que vuelan por encima de las casas, los montes y los árboles.

Existe un caso documentado sobre un espíritu de rasgos parecidos al gaueko. Febrero de 1907 tocaba a su fin en la pedanía hurdana de Ladrillar. Isaac Gutiérrez cumplía con sus obligaciones de párroco cuando le sobresaltó un chillido ensordecedor e inhumano. Un extraño ser de menudo cuerpo y gran cabeza aterrorizó Ladrillar durante los días 26, 27 y 28 de febrero de 1907. Las apariciones del “duende de Ladrillar”, como bautizaron las gentes del pueblo al terrorífico intruso, pasaron a la posteridad gracias a que el sacerdote Gutiérrez escribió detalladamente los hechos en varios documentos que años después caerían en manos del conocido periodista de misterios Iker Jiménez, quien trató el caso en su libro “Enigmas sin resolver I”. Según Iker, el duende del Ladrillar fue uno de los primeros “expedientes X” de España. El “duende del ladrillar” no permitía que la gente de la aldea saliera de sus casas de noche, era pequeño, cabezón y oscuro. Iba acompañado de dos lucecitas mientras volaba y gritaba “uuuua” o “guaaaa”. Consta que uno de aquellos días murió una niña en extrañas circunstancias mientras jugaba.

¿Lémures orientales?Existe un antiguo relato zen (la subyugación de un espectro) que me llamó la atención por su parecido con los lémures de la cultura árabe y occidental:


Una joven esposa cayó enferma y estaba a punto de morir. Te amo tanto -le dijo a su marido-, que no quiero abandonarte. No te vayas con ninguna otra mujer. Si lo haces, regresaré como un espectro y te causaré un sinfín de trastornos. La esposa no tardó en morir. El marido respetó el último deseo de su esposa durante los tres primeros meses, pero entonces conoció a otra mujer y se enamoró de ella. Los dos se prometieron en matrimonio.


Inmediatamente después del compromiso, cada noche se le aparecía al hombre un espectro, culpándole por no haber mantenido su promesa. Además, era un fantasma inteligente, pues le decía exactamente lo que había ocurrido entre él y su prometida. Cada vez que le hacía a esta un regalo, el espectro lo describía con detalle. Incluso repetía sus conversaciones, e incomodaba tanto al hombre que no podía dormir. Alguien le aconsejó que consultara su problema con un maestro zen que vivía cerca del pueblo. Al final, desesperado, el pobre hombre fue a verle y le pidió ayuda.


Tu difunta esposa se ha convertido en un espectro y sabe todo lo que haces -comentó el maestro-. Cualquier cosa que hagas o digas, cualquier cosa que regales a tu amada, ella está al corriente. Debe ser un espectro muy sabio, y la verdad es que deberías admirar a un espectro de tales características. La próxima vez que se presente, haz un trato con ella. Dile que sabe tanto que no puedes ocultarle nada, y que si responde a una pregunta, prometes romper su compromiso y seguir viviendo solo.


¿Qué pregunta debo hacerle? -inquirió el hombre-. El maestro respondió: Toma un puñado de semillas de soja y pregúntale cuantas semillas exactamente tienes en la mano. Si no puede decírtelo, sabrás que solo es un producto de tu imaginación y ya no te turbará más. A la noche siguiente, cuando apareció el espectro, el hombre le halagó y le dijo que lo sabía todo. Pues claro -replicó el espectro-, y sé que hoy has ido a ver a ese maestro zen. Ya que sabes tanto, ¡dime cuantas semillas tengo en esta mano! Ya no estaba presente ningún espectro para responder a la pregunta.



jueves, 5 de abril de 2012

Los manes


Los manes o dioses manes eran los difuntos en el mundo romano, estaban asociados de algún modo al culto personal, local y doméstico, al igual que los lares, penates y genios. Se les honraba en Febrero durante las Parentalia. En las tumbas se escribía comúnmente DM (a los dioses manes), siglas que siguieron escribiéndose posteriormente incluso en las tumbas cristianas. Se les hacía sacrificios sangrientos para aplacarlos, por ejemplo en los juegos gladiatorios. Según Cicerón los manes podían invocarse desde las cuevas cercanas al lago Averno. La raíz etimológica es ma- (bueno), del latín manis, palabras que comparten raíz son: mañana, amanecer, madrugar, matutino y madurar. Bastante poco es lo que sabemos sobre ellos, aunque tienen origen pagano, paradójicamente es en la Alta Edad Media cuando más datos existen sobre ellos. Muchos estudiosos pasan por completo de estos datos medievales, como si hubiera una línea separadora infranqueable entre la Antiguedad y la Edad Media. El paganismo no se erradicó en el occidente europeo hasta finales de la Edad Media y en algunos lugares rurales perduró hasta bien entrado el Renacimiento.



San Isidoro (s.VII):



Denominan manes a los dioses de los muertos, cuya potestad y morada sitúan entre la luna y la tierra. Creen que de ellos recibe su nombre la mañana. Es opinión de que son así denominados por el nombre del aire, que se dice "manós", esto es "claro", y se les llama manes porque se expanden ampliamente por las auras (vientos), o porque son benévolos, contrarios a los crueles (inmanes), y con este nombre se les conoce. Apuleyo, en cambio, piensa que se les aplica el calificativo de manes por antífrasis, considerándolos benévolos y modestos, cuando en realidad son terribles y crueles, como las Parcas o las Euménides. Se dice que Manto, hija de Tiresías, traída a Italia después de la destrucción de los tebanos, fundó la ciudad de Mantua. Se halla ésta en el Véneto, que se conoce como Galia Cisalpina. Y se la llamó Mantua porque cuída de sus manes.



En la "vida de San Ricardo" (s.VIII) se comenta que los dusii hemaones o dusii manes dañan la orticultura. Ricardo, nacido hacia el año 560 en Amiens, Picardía, fue convertido al cristianismo por misioneros galeses, sus escritos hacen mención a creencias entre sus seguidores en el noroeste de la Galia. Sobre los dusii (llamados maones en algunas revisiones) dice que robaban cosechas y dañaban los huertos. Estos seres peligrosos para la agricultura aparecen en otros autores medievales bajo el nombre de mavones, maones, manes y magones. Es difícil establecer una relación entre los dussii (faunos higueros/íncubos) y los manes, si bien San Agustín afirmaba que los dusii eran aéreos en sustancia y que los demonios íncubos habitaban entre la luna y la tierra. Desde época griega se creía que los demonios tenían cuerpos etéreos y que aquellos malignos vivían en las regiones sublunares. Según Isidoro, la gente llamaba lunáticos a los epilécticos porque el ataque de los demonios insidiosos está relacionado con el curso de la luna. Las brujas también estaban ligadas íntimamente a la luna, en general había un concepto negativo de nuestro satélite.



De acuerdo con un tratado sobre magia climatológica escrito por el obispo carolingio Agobardo de Lyon (año 815), Magonia es el nombre de un reino localizado en las nubes donde vivían piratas aéreos. Los habitantes de este reino, los magones, se decía que viajaban por el cielo en naves de nubes y que trabajaban compinchados con unos brujos llamados "tempestarios", especialistas en provocar tormentas y pedriscos.



En varias regiones, casi todos, nobles y plebeyos, ciudadanos y campesinos, viejos y jóvenes, creen que el granizo y el trueno se pueden provocar al arbitrio de los hombres. En efecto, apenas oyen tronar o ven relampaguear dicen: es el "aura levatitia". Si se les pregunta qué es, algunos con la verguenza del que tiene remordimientos, y otros con la seguridad de los ignorantes, responden asegurando que gracias a los encantamientos de los tempestarios, el viento se levanta, y por eso se llama "aura levatitia"...



Yo mismo he visto y oído a muchas de estas personas tan locas y hasta tal punto idiotizadas que creen y sostienen que hay un país llamado Magonia, de donde vienen naves a través de las nubes; recogen el trigo y los demás cereales tundidos y segados por el granizo y la tormenta y los cargan en dichas naves; después de pagar a los tempestarios, los marineros del aire vuelven a la misma región. Un día vi a muchos de estos estúpidos papanatas presentar ante un grupo de gente a cuatro personas encadenadas, tres hombres y una mujer, que habrían caído precisamente de tales naves. Después de tenerlos en cepos algunos días, al final reunida alguna gente los trajeron a mi presencia, como he dicho, para lapidarlos.



Pocos años atrás, a causa de una mortandad de bovinos, se había extendido el necio rumor de que Grimoaldo, duque de Benevento, estando en discordia con el cristianísimo emperador Carlos, había enviado a algunos hombres con polvos, para esparcer por los campos, colinas, prados y rios con objeto de envenenar el ganado. He oído decir y he visto que por esta acusación, muchos fueron capturados: a algunos los mataron; otros, atados a vigas fueron arrojados al rio y se ahogaron. Y lo más sorprendente es que los prisioneros se acusaban a sí mismos, confesando haber tenido aquellos polvos y haberlos esparcido.



AGOBARDO, De grandine et tonitruis. Siglo IX.



Los magones y los manes debieron ser lo mismo, pues Isidoro habla de "se expanden por las auras (vientos)" y los campesinos franceses hablan de "aura levatitia" (levantar vientos) sobre los magones. A tenor de los datos parece que nuestros antepasados recibían visitas de naves (en aquella época barcos) volantes. Obviamente asociaban estas llegadas con sus creencias religiosas para darle cierto sentido o explicación al fenómeno, del mismo modo que una tribu perdida del Amazonas que viera un helicóptero lo tomaría como algo sobrenatural. Hoy muchos dirían que se trata de alienígenas. ¿Quienes eran los manes? No lo sé, pero queda claro que eran hostiles pues lograron ganarse el odio de los campesinos franceses. Se les temía del mismo modo que se les respetaba: su propio nombre es engañoso pues eran dañinos, quizá para aplacarlos y evitar que se enfadaran.

Fantasmas y espantos


Fantasma viene de la raíz bha-1 (brillar, resplandecer) con alargamiento y sufijo bhan-yo de origen griego (brillar, aparecer). Fantasma significa literalmente "visión". En español es conocido desde la primera mitad del s.XIII. En inglés phantasm (conocida desde comienzos del s.XIII). Es vocablo muy genérico que en la práctica incluye a todos las entidades paranormales visibles. Comenta sobre el fantasma el DRAE 1780:



La representación de alguna figura que se aparece, o en sueños, o por flaqueza de la imaginación, o por arte mágica. Dícese también de cualquier figura extraña, y que pone miedo.



 Tanto el duende como el tardo (o pesadillo) y similares son a menudo calificados como fantasmas, debido a su proximidad con los hogares y la tendencia que tienen a dejarse ver. Sin embargo, etimológicamente hablando, hay cuatro nombres que entran claramente en la familia de los fantasmas:



1-Aparecido/Aparición. En inglés apparition (desde 1600), raíz per(d)-1 (producir, procurar), del latín pario (dar a luz, parir), compuesto de ad+parere (hacerse visible). En español "aparición" es conocido desde al menos 1495. En las leyendas españolas se las trata como almas en pena que fallecieron dejando alguna cuenta pendiente en vida y que regresan para tratar de realizarla, apareciéndose a los que tuvieron contacto con ellas en vida o que pueden ayudarles a llevar a cabo lo que pretenden, importunándolos hasta que consiguen su propósito. Realizar estas tareas son importantes para los aparecidos, ya que les impide el descanso eterno. A veces piden misas para acortar su estancia en el purgatorio. También se dan casos en que son portadores de buena fortuna, que se cumplirá siempre que se lleven a cabo las indicaciones de la aparición.



 En realidad "alma en pena" es término específico que designa a aquellas que sufren, mientras que "aparecido/aparición" es genérico y sinónimo de fantasma. El alma en pena siempre que se aparece es una aparición y forma parte de ésta familia, sin embargo no todas las apariciones tienen porqué ser un alma en pena. En las leyendas, "Aparecido" tiende más a referirse al fantasma de un difunto, mientras que "aparición" se usa de un modo más genérico. Es importante saber distinguirlas para que las leyendas no logren confundirnos.  



2-Espectro: De la raíz Spek- (observar), procedente del latín specio (mirar, observar); palabra conocida en castellano desde 1732. Spectrum o spectre en inglés, conocido desde al menos 1610. De nuevo otra palabra genérica que en las leyendas suele aplicarse a los fantasma de los difuntos.



Según el DRAE de 1732:



Visión o imagen que se representa fantásticamente a la vista, que de ordinario se entiende como visión horrible del espíritu diabólico o alguna fantasma o imagen que causa horror.



El DRAE añade un dato interesante: el horror que producen al espectador. En inglés no tiene esta acepción y quizá sea fruto de las leyendas de la época o la asociación etimológica errónea de Covarrubias entre "espanto" y "espectro". 



3-Sombra: Proviene del latín umbra y tiene como raíz Andho- (oculto, oscuro). En inglés shade (desde 1610) y umbra (desde 1590). "Sombra" tiene que ver con el vocabulario poético y recuerda la disolución del cuerpo en el óbito. Llamaban a los necromantes umbrarius (la Iglesia pensaba que eran unos farsantes creadores de prestigios), la palabra aparece ya en el año 643 en la compilación de leyes conocida con el nombre de Edictum Rothari. Umbra, todavía en la Edad Media, incluye cierta categoría de muertos que la interpretación cristiana oculta. Hacia 1050, Papías escribe así: “umbra: almas, simulacros, imágenes, sueños”,



DRAE 1739:



Espectro o fantasma que se percibe como sombra.



En la literatura bíblica y la procedente de Oriente Medio durante la Edad Antigua, designaba al espíritu de los difuntos que vivían bajo tierra. También en la Odisea Homero usa este vocablo para las almas que se aparecían a través de un necromante. Para atraer a la sombra se usaba sangre, de ahí que los necromantes se los llamara umbrarius y emplearan a menudo sangre para conjurarlas. Las sombras eran reticentes a estas evocaciones y preferían que las dejasen descansar.


En la mitología egipcia, la sombra o shuyt era uno de los elementos del ser humano, aunque se le atribuyen ciertas funciones mágicas y una vida posterior a la muerte. Normalmente está vinculada a la tierra, y es que se les aparece a los familiares y amigos (o enemigos) del muerto. Era un doble negativo del individuo, que se representaba como un ser humano de color negro. Se consideró un elemento protector de primer orden.



4-Visión: La visión es una premonición visible que puede ocurrirle a cualquiera. En Galicia se refiere principalmente a la muerte de algún vecino en forma de cortejo fúnebre. A menudo el vidente reconoce a los participantes de la procesión fúnebre. Se considera que son los fantasmas de los que están dormidos en ese momento, o sea, de personas vivas. Los participantes del entierro están totalmente ajenos al mundo exterior, aunque si se les llama por su nombre a alguno de ellos, se da media vuelta y su cara se difumina. Finalmente la premonición se cumple y la marcha fúnebre atraviesa por el mismo lugar donde se presenció la visión con los mismos participantes.



"Pantalla" (en la localidad de Magdalena) es la representación de una persona que aún está viva, también se conoce como "señal". Se creía que los brujos podían enviar su espíritu (el hugr normánico) a cualquier parte del mundo mediante el uso de drogas y encantamientos. La espantallada es uno de los nombres con los que se conoce a los fantasmas en Galicia. La pantaruja es un fantasma asustaniños que se lleva a los niños por la noche que no quieren dormirse, también se llama así a un personaje de carnaval vestido de harapos o al hombre que sale de noche disfrazado con una manta o sábana para evitar ser reconocido.  



En Japón, los seres vivos poseídos por celos extraordinarios o rabia pueden convertir sus espíritus en Ikiryo, un espíritu viviente que puede realizar su deseo mientras está vivo. Tradicionalmente, si alguien tiene mucha envidia hacia otra persona, se cree que una parte de su espíritu puede temporalmente dejar su cuerpo y aparecer ante el objetivo de su odio para maldecir o dañarlo de algún modo, similar a un mal de ojo. También se creía que las almas abandonan el cuerpo cuando éste está extremadamente enfermo o comatoso, estos Ikiryos no son malévolos.


-Espantos: La palabra "espanto" viene del latín expavere (literalmente "pavor que aleja") y designa a todos los fantasmas que producen pánico incontrolable al que los vea, si bien todas las apariciones provocan miedo éstas son las peores de todas. El término "Espanto" es conocido desde al menos la primera mitad del s.XIII, El equivalente inglés al espanto es spook (desde al menos 1801), palabras relacionadas son el sueco spok (espantapájaros), el noruego spjok (spectro) y el danés spøg (chiste). Por otro lado tenemos "espantajo" desde al menos finales del s.XV. Para el DRAE 1780 "espantajo" es:



Sombras y figuras que el espíritu maligno hace aparecer para amedrentar y espantar a las almas. También es el trapo o figura de trapos que se suele poner en los árboles para espantar a los pájaros a fin de que no piquen y coman la fruta, ni las plantas menudas.


Según el DRAE 1925, espanto es el nombre que dan a los fantasmas en Costa Rica, Venezuela, Méjico, Honduras y Colombia. En Galicia llaman espantonia a los fantasmas, mientras que en las Hurdes usan "espanto". 

miércoles, 4 de abril de 2012

Unos fantasmas muy pesados


Existe una clase de fantasmas muy molestos aficionados a fastidiar a los vivos en sus hogares. Tienen en común la capacidad de provocar pesadillas, en ocasiones se dejan ver en la vigilia del sueño aferrados al pecho de la víctima. Todos alguna vez hemos visto alguna figura extraña en el transcurso de una pesadilla (aunque normalmente se olvida) y una sensación de ralentización y pesar. Aunque estos fantasmas tienen nombres diversos, básicamente son el mismo ser en muchísimos países europeos y adivino que en otros continentes. Sería imposible describirlos a todos, así que nos centraremos en los más conocidos, dando preferencia a los españoles.



Debido a que les complace bastante aparecerse, entran en la familia de los fantasmas, aparte que los textos históricos los llaman así también. La llamada fantasma era una aparición femenina que saltaba y brincaba exageradamente, más adelante veremos la relación entre saltar y pesadilla. Parece que el aspecto sexual es importante para ellos, pues causar pesadillas les provoca a estos espíritus el mismo placer que el coíto. El íncubo (masculino) y el súcubo (femenino) es otro claro ejemplo de demonización por parte de la Iglesia de seres paganos aprovechando las trastadas que a veces cometen, comparándolo con otros seres de características similares será posible separar lo verdadero de lo "moralizante".  



Dice Isidoro (s.VII) del íncubo:



Los peludos (pilosi), en griego, se llaman panitas; y en latín, íncubos, o bien “inuos”, derivado de “inire”, del trato carnal que acá y allá mantienen con animales. Del mismo modo, los íncubos toman su nombre de “incumbere”, esto es, de fornicar. A menudo estos desalmados cohabitan también con mujeres, con quienes tienen relación carnal. A estos demonios los galos los llaman “dusios”, porque viven continuamente en esta inmundicia. A quien el vulgo da por lo común el nombre de íncubo, lo conocen como “Fauno higuero”. De él dice Horacio: “Fauno, amador de las ninfas que te huyen, acude benevolente a recorrer mis dominios y mis soleados campos.



El DRAE de 1734 define al íncubo:



Llaman los médicos un género de accidente, que da en sueños, con que se comprime y aprieta el corazón, soñando alguna cosa triste y melancólica, que regularmente llaman pesadilla.



El tardo: "Tardo" viene del latín tardus (entorpecer, impedir, obstaculizar), en el sentido de "carga que enlentece", y es esa precisamente la especialidad del tardo: allá donde se apoya deja sentir su enorme peso. Es de origen gallego, también conocido como "demo burlón" "o das botas" "papá xarriña" "o das arandelas", etc. El tardo suele tomar forma de numerosos animales: perro, carnero, caballo, oveja, cerdo, polluelos, raposa, etc. Otro rasgo que lo caracteriza es su tendencia a provocar pesadillas nocturnas, oprimiendo con su peso el pecho de las mujeres. Los tardos tienen las manos agujereadas, gustan de rondar especialmente por las cocinas, aunque a veces se les ve en caminos y molinos.



A veces se reviste de forma humana, corpórea o fantasmal; alta y delgada si toma figura femenina o como hombre pequeño, gordo con gorro y chancas de correas y como niño pequeño tiritando de frio (con intención de que las mujeres lo acurruquen). Suele ser usado como asustaniños en su forma de figura femenina o de hombre pequeño. Dentro de las casas es bastante revoltoso pues le encanta hacer ruido con las tazas, platos... pero a la mañana siguiente debe dejarlo todo como estaba. Como no puede recoger el agua caída, algunos aldeanos le dejaban tazas llenas de agua en la cocina para que se marchara. Otra de sus bromas favoritas es transformarse en tronco de árbol que el leñador al cargarlo va notando que el peso se incrementa hasta tener que dejarlo en el suelo. En otras ocasiones, según las leyendas, se transforma en rebaño de ovejas que come la hierba de noche, haciendo daños en las fincas de los campesinos.


Para conjurarlo solía dejarse en una mesa cercana a la cama un puñado de centeno, mijo, maíz o alpiste, con objeto de que se entretenga contando los granos, a lo que es muy aficionado. Como solo sabe contar hasta cien, al llegar a esta cifra se equivoca irremisiblemente, volviendo a contar de nuevo, estando toda la noche entretenido, por lo que dejará tranquilo a los durmientes. En algunos lugares aparece como un humanoide pequeño, peludo, lleno de dientes, de color verdoso y con penetrantes ojos redondos y negros.



El Diaño burlón: "Diaño" procede del latín damnum (daño) cuya raíz es da- (dividir) con sufijo dap-no (daño [dar a cambio]), incluye las palabras dañar, condenar, indemne, indemnizar. Es de notar que la raíz es la misma que la de "demonio". Tradicionalmente se cree que "diaño" viene de "diablo", pero esto se debe más a sus maldades demoniacas y parecido aparente de las palabras que a la realidad. "Diaño" es en Galicia eufemismo de demonio (demo), pues se creía que nombrar al maligno podía atraerlo o causar algún mal. El llamado "demo burlón" era conocido también como "tardo", debido a ello y sus parecidas costumbres podemos afirmar que diaño burlón es sinónimo de tardo.



Pesanta, pesadillo, pesurole, pesadiello: En ciertas zonas catalanas se la equipara a una bruja o una indefinida forma animalesca. Su hobby favorito es trastear de noche por la cocina para luego sentarse en el pecho del durmiente y causarle pesadillas. La propia palabra "pesadilla" viene de "pesar", pues antiguamente creían que estas entidades las provocaban. Una de sus formas favoritas que elige para aparecerse es la de perro negro. Para expulsarla se solía dejar mijo, centeno u otros granos para que se aburriera contándolos.



Manonas: En Castilla, Extremadura y Asturias existen mitos sobre un ser en forma de horrorosa mano que perturba todo en una casa, trastornando todos los aperos del ganado y útiles de labranza. En las Hurdes se presenta ante los durmientes como una mano fría que de noche recorre una a una las vértebras produciendo angustias y escalofríos. Cabe destacar que "mampesadilla" o "mampesada" es sinónimo según el DRAE de pesadilla. Se confunde con el pesadillo en muchos lugares, pues además a veces aparecía como perro negro.



El elfo y la mahr: En antiguo alemán, “elfo” (alp) designa la pesadilla, y actualmente ésta recibe el nombre de “presión del elfo” (Alpsdruck) o “sueño élfico” (Alptraum). De hecho, elfo y la entidad que los germanos denominaban mar, masculino y femenino en todos los idiomas germánicos, son distintos al principio. Detengámonos un instante en la forma en que se operó su vinculación. Para mayor comodidad, emplearemos el sustantivo Mahr, plural Mahren, que encontramos en la denominación francesa de la pesadilla: cauche-mar. En inglés, nightmare (literalmente "fantasma nocturno") es pesadilla,  añadámos que mare es también en inglés "yegua", la relación con "montar" o "cabalgar" queda clara. La raíz etimológica es mer- (borrar, dañar, agarrar).   



“Cauchemar” entra tardíamente en el léxico francés, a comienzos del siglo XVI, y se admite generalmente que está formado del medio neerlandés mare, al que se atribuye el sentido de “fantasma” y del determinante cauche-, para el que se consideran dos etimon: el latín calcare, “pisar, prensar”, o calceare, “calzar”. La forma cauche cabe suponer que viene del cruce del francés antiguo chaucher y del picardo cauquer. Antes del siglo XVI, los franceses llamaban a la pesadilla appesart, palabra emparentada con la italiana pesuarole, la española pesadilla y la portuguesa pesadela, derivadas todas de un verbo con el significado de “pesar”. En el caso de los dialectos italorromanos y galorromanos, R. Riegler ha mostrado que la pesadilla saca su nombre de verbos y sustantivos que expresan nociones de peso y opresión, así como la idea de saltar o montarse sobre alguien.



Así pues, en el mundo románico, el o la Mahr es una criatura que nos asalta y deja sentir su peso sobre nosotros; debido a ello, es etimológicamente un pariente cercano del ephialtes griego, literalmente “que salta encima”, y del incubus romano, es decir: “que se acuesta encima”. La noción de pisoteo, ajena al mundo románico y que encontramos en cauche, está tomada de las tradiciones germánicas. Allí, la pesadilla te pisa, tema más antiguo, y más tarde te cabalga. Señalemos de pasada que, en la literatura medio-latina, la pesadilla es llamada phantasma, término que dio “fantasma”, detalle que tiene su importancia. La primera huella de fusión entre los elfos y los Mahre se encuentra en el Laeceboc, redactado hacia 950-1000,  y en el que leemos, en la medida en que el texto permite la traducción:



Remedio contra todo hechizo pagano, contra la magia de los elfos (aelfsidenne), es decir, encantamiento para una especie de fiebre, y polvo, filtros y un ungüento; y si esta enfermedad ataca a los bovinos, si aflige a un hombre o si a éste lo cabalga y lo golpea una Mahr.



El pasaje es oscuro, pero vemos con todo que a la mahr la pone en el mismo saco que a los elfos y la entiende como resultado de un sortilegio. El segundo testimonio data también del siglo X y se debe al escaldo Thjodolf Hvinverski y lo recoge Snorri Sturluson en el Orbe del mundo:



Tras haber desposado a Drífa en Finlandia, el rey Vanlandi regresa a Upsala. Antes de partir, promete a su mujer que regresará en el plazo de tres años, pero pasan diez años sin que piense en cumplir su promesa. Drífa convoca a la maga (sejdkrona) Huld y le entrega una suma de dinero para que, con sus sortilegios, haga regresar a su esposo o lo mate. La magia de Huld provoca en Vanlandi un vivo deseo de volver a ver a su mujer, pero sus amigos y sus consejeros lo ponen en guardia: ese deseo se debe a los maleficios de los finlandeses, le dicen. Vanlandi es entonces presa de un sueño –reacción típica de un hombre al que ataca o visita un espíritu-; va a acostarse y se duerme. Despierta poco después gritando que la Mahr lo ha pisoteado. Cogen entonces la cabeza del rey, pero la Mahr se pone a aplastarle las piernas. Le cogen las piernas, pero la Mahr agarra la cabeza de Vanlandi y lo mata.



La maga se llama Huld; pues bien, en las leyendas nórdicas, los espíritus subterráneos, enanos y elfos, son denominados “gente de Huld” (Huldfolk); así pues, podemos admitir que, o bien la Mahr es un ser élfico que obedece a Huld, o bien se trata de un muerto que la maga utiliza como un zombi. En efecto, la etimología ha revelado que el germánico mar- se remonta a una raíz indoeuropea mer- que abarca las nociones de óbito. En el siglo XIV, el fabliau alemán Irregang y Girregar, de Rüdiger de Munre, muestra que se confunden Mahr y elfos:



Dos estudiantes hacen noche en casa de un campesino. Uno de ellos se acuesta con la hija de su anfitrión, se une sexualmente a ella y luego quiere volver a su cama; se equivoca en la oscuridad y se acuesta junto al padre de la joven. Creyendo que se trata de su compañero, le narra su buena fortuna. El anfitrión se enfada, lo golpea y lo saca de la cama. Ante el ruido, su esposa se despierta y, al oír el relato que le hace, le dice a su marido: “¡No pierdas la cabeza, y ten sangre fría! Te ha cabalgado la Mahr, una cosa élfica. Tienes que alejar a esa criatura maligna con la señal de la cruz.



Por aquel entonces, pues, la Mahr forma parte de la familia de los espíritus que los hombres llaman “elfos”, lo que confirma un hechizo de comienzos del siglo XV: “¡Madre de elfo, Trute y Mahr, marchaos por el tejado!”. Trute es sinónimo de Mahr, pero se utiliza en la Alemania meridional y en la Italia del norte. Así pues, vemos que el vocablo “elfo” se ha convertido en nombre colectivo, en término genérico que engloba a todos los espíritus nocturnos y nocivos. Se opone ahora a “enano”, también término colectivo, que designa a las demás pequeñas criaturas de las creencias populares, esta vez benéficas. Entre –digamos- el siglo IX y el XIII, hubo inversión de caracteres: la buena criatura, aquella a la que se dirigían ritos propiciatorios, se ha convertido en maligna, mientras que el ser maléfico se ha transformado en una persona simpática y bondadosa, la que a menudo nos presentan los cuentos y leyendas. ¿Cómo se operó la fusión del elfo y la Mahr?



Se vio favorecida por dos conjuntos de elementos. En primer lugar, la proximidad de esos dos seres con la muerte, el elfo, entre otras cosas, a través de la fiesta de Jól, celebración de los ritos de fecundidad y de conmemoración de los difuntos, muertos más o menos confundidos con nuestras criaturas, puesto que aquella fiesta se llama también “sacrificio a los elfos” (álfablót). Y en segundo lugar, por la noción de magia, de sortilegio, de ilusión: los elfos están considerados un poco brujos, y la Mahr parece entenderse como una personificación de sus maleficios. Pero la Mahr, al principio, era un muerto maligno, y para que podamos convencernos de ello, he aquí una anécdota del siglo XII, que sacamos de la Historia rerum Anglicarum de Guillermo de Newbury:



Tras su deceso, un hombre, gracias a diligentes esfuerzos de su esposa y sus allegados, es enterrado según la costumbre –detalle que tiene su importancia, pues muestra que el difunto no tiene ningún motivo para regresar-. A la noche siguiente a la inhumación, el muerto entra en la habitación de su esposa, la despierta y la aplasta con su peso, que ella apenas puede soportar.



Este difunto se conduce estrictamente como una pesadilla, lo que confirma muy exactamente las revelaciones de la etimología según las cuales la Mahr era ante todo un muerto. Por extraordinaria coincidencia cuyo secreto tienen las tradiciones populares, la confusión entre elfo, el enano y la Mahr dejó huellas duraderas hasta una época reciente. En un notable estudio titulado De Lutins en cauchemars, Christian Abry y Charles Joinsten recogieron un dossier asombroso. Trantando de penetrar el secreto del chaufaton, nombre de un lutin doméstico documentado en las creencias del alto valle de Aulps (Haute-Savoie), estos dos estudiosos recogieron textos y testimonios de los que se desprende que este personaje tiene relaciones estrecha con los animales domésticos y las producciones agropastorales, o sea, con la tercera función. Es servicial, pero también travieso y susceptible, experimenta una profunda aversión por los objetos cortantes, cosa que sin duda es una forma de expresar una idea muy antigua, a saber, que el hierro les resulta insoportable a los espíritus.



Como todo buen lutin románico, trenza las crines de los caballos, se burla del hombre, reside en el henil, el granero del heno, donde se lo oye reír. También es un espíritu pisoteador, que pisotea a los hombres y mujeres acostados en el heno, a un posadero, a niños... A veces, se conduce como una Mahr:



Otras veces, cuando estaban dos o tres acostados sobre el heno, iba el chaufaton y los oprimía y paralizaba con un peso muy fuerte, como si tuviesen una piedra encima, unos tras otros.



Abry y Joisten destacan dos grandes ejes funcionales de los lutins: su domesticidad y su carácter de íncubo, es decir, de pesadilla, de pisoteador. Y se preguntan: “Cabe preguntarse si el papel de la pesadilla no lo desempeñan siempre “ocasionales”. En el siglo XIX y XX, sí, esa es realmente la impresión que se desprende de los textos, pero en la Edad Media la cuestión no se plantea: existe, como mínimo en los países germánicos, la Mahr; más tarde ésta convive con el elfo (alp) hasta que éste la elimina. Creemos que las tradiciones populares conservan el recuerdo de tiempos antiguos: y es que nos parece muy significativo que sea precisamente un genio doméstico, el chaufaton, el que pueda desempeñar el papel de la pesadilla, pues esos genios suelen ser forma que toma el buen ancestro difunto, y su culto se confunde con el de los muertos bondadosos y tutelares. Ahora bien, la Mahr es un muerto maligno. A partir del momento en que cae en desuso el culto a los ancestros, en que ya no se sabe que esa Mahr que lo pisotea a uno es un difunto, es decir, a partir del momento en que se confunde la Mahr con genios, espíritus y enanos, la imagen que, con el nombre que sea, sobrevive en el folklore es sincrética, es una imagen nacida de la fusión de datos dispares, incluso contradictorios, pero de una notable homogeneidad en el plano funcional.



Esos son los grandes rasgos de la decadencia de los elfos, interpretados ad malam partem y confundidos con los enanos propiamente dichos y los Mahren. La palabra elfo se convierte en el nombre de la familia de las criaturas temidas, y el adjetivo que los alemanes sacan de ella (elbisch) sirve hoy para designar a los seres fantásticos que aparecen en las literaturas medievales y, ya más cerca de nosotros, en cuentos y leyendas. “Elfo” connota las nociones de lo maravilloso y sobrenatural inquietantes. Lo mismo ocurre en Inglaterra, donde elf-struck, literalmente “golpeado por el elfo”, significa “embrujado, encantado”. Sin embargo, en Islandia todavía llaman a veces a los elfos luiflingar, es decir: “amigos queridos”... Ni siquiera la morfología de los elfos ha quedado intacta. En Dinamarca, se parecen a los viejos, y en las islas Feroe son personajes de gran estatura (¡), de pelo negro y vestidos de gris.

lunes, 2 de abril de 2012

El coco


No hay un asustaniños más famoso en la Península Ibérica que el coco. Como mínimo ha sido la entidad que más niños ha aterrorizado desde la Edad Media hasta nuestros días. Sin embargo, como suele ocurrir con estos seres, fueron inicialmente objeto de algún tipo de culto que el cristianismo, la propia sociedad y el tiempo, terminaron por convertirlo en una fantasía ridícula tan solo útil para enderezar a los crios, recuérdese por ejemplo el papu y su relación con la larva. "Coco" es abreviación del latín cuculla (cuculla, especie de capucha), palabra que designaba tanto una capucha como una vestidura (llamada cogulla o casulla) equipada con ella. San Isidoro comenta algo al respecto:



La casulla es un vestido con cuculla; su nombre es un diminutivo de casa, porque como una casa de pequeñas proporciones, cubre a todo el hombre. Del mismo modo cuculla viene a ser como una celda (“cella”) diminuta. Los griegos le dan el nombre de “planeta”, así dicha porque ondulan con aspecto errabundo. Por igual motivo llaman planetas -es decir “errantes”- a ciertas estrellas, porque discurren en su movimiento de una manera errabunda e indecisa.



No menos interesantes son las definiciones que da el DRAE 1729:



Cuculla:



Especie de cobertura de la cabeza que se usaba en lo antiguo. Viene del latino “cucullus”, que significa lo mismo.



Cogulla:



El hábito o ropa que usan los monjes basilios, benitos y bernardos, la cual es muy ancha, y la traen sin ceñir, llena de pliegues, de arriba abajo, con unas mangas muy anchas, que caen en punta, como también la capilla que está pegada al mismo hábito o ropa. Es tomado del latín “cuculla” que significa lo mismo.



Estas definiciones parecen no tener relación alguna con el coco, pero existieron en la Edad Antigua unos genios misteriosos que tenían en común llevar cucullas o cogullas, me refiero a los genii cucullati (genios encucullados). Poco sabemos sobre ellos, tan solo que a menudo se los representaban por trios y que se han encontrado grabados en la zona romanocéltica entre Britania y Panonia. Abajo genii cucullati.




Hasta ahora, el testimonio más antiguo en lengua castellana que se conoce de la palabra "coco" se encuentra en el Cancionero de Antón de Montoro, de 1445. Leemos allí estos versos:



Tanto me dieron de poco / que de puro miedo temo, / como los niños de cuna / que les dicen ¡cata el coco!



Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana o española (1611), dice del coco:



En el lenguaje de los niños vale figura que causa espanto, y ninguna tanto como las que están a lo escuro o muestran color negro; de Cus, nombre propio de Cam, que reinó en la Etiopía, tierra de los negros.



En las nanas antiguas prima la idea de que el coco se llevará al niño. Pero aquí no queda el asunto, en el norte de Portugal el coco es representado por un dragón. En la villa de Monção, conocida como la tierra del coco (terra da coca), se le llama la "Santa Coca" o "Coca Rabixa". En la fiesta del Corpus Christi, el coco es el dragón que lucha en contra de San Jorge. En Puerto Rico se prefiere la forma “cuco”. En Brasil se llama “cuca”. El coco o cuca es también un gusanillo del que hay diferentes especies, que se cría en varias semillas, frutas y otras cosas comestibles. También es rostro que pone la mona cuando se enfada, gesto que se hacen los enamorados. Coquito es ademán o gesto que se hace al niño para que se ria. Abajo genios encucullados.





El cuco es una oruga de cierta mariposa nocturna; tiene 3-4 cm de largo y los costados vellosos y con pintas blancas. La cuca es una mujer enviciada en el juego. Mala cuca es lo mismo que persona maliciosa y de mal natural, procedente del latín cuculus (cuco, galán, adúltero) . La cúcara mala era un asustaniños de Caliao (Asturias), a la que se describe con los dientes sangrando. Se llamaba cucala al gambutzi (¿algo que ver con bu?) y cuco al coco. La cucala o gambutzi es:



Son intensamente negros, impalpables e imperceptibles; actúan únicamente en la más profunda espesura de la noche y su intensidad espantadora entre niños, e incluso entre mayores, es muy acusada. Se dice que zurra fuerte a cuantos halla por la calle de noche, en especial a los chicos y a las mujeres, a cuyas ropas se agarra con fuerza, resultando laborioso desasirse de ellos. Se los confunde con la propia noche.



La coca es según el DRAE 1729:



Antiguamente significaba lo mismo que cabeza; En algunas partes como es Galicia o la Mancha, llaman así a la que comúnmente se llama tarasca: que es una figura de serpiente, que el día del Corpus con los gigantes sacan en la procesión.



 Actualmente, "gomia" es sinónimo de tarasca. En el siglo XVI, la gomia era descrita como una vieja descabellada, muy negra y fea, con grandes colmillos. Se usaba como espantaniños diciéndoles que vendría a comérselos. Se llama gomia a la persona que come mucho y con voracidad. Gomioso es sinónimo de voraz y ambicioso. La goma es un tumor esférico, de ordinario de origen silfítico. Puede comprobarse la complejidad y variedad del coco, en cierto modo recuerda bastante a las larvas: un ser que se caracteriza por la metamorfosis. Abajo genios encucullados.



El coco parece convertirse en un dragón o monstruo, el último ciclo de esta especie de gusano o larva. Por desgracia nunca sabremos la verdad, pero es evidente que las leyendas de caballeros derrotando dragones o tarascas se han referido desde siempre a la victoria de la civilización sobre el caos, representado por un genius loci (genio de lugar) que se toma a sí mismo como dueño de una zona salvaje. Básicamente el cristianismo acabó con los genios al demonizarlos.



Ya en fechas recientes hay documentados encuentros de personas con supuestos extraterrestres o fantasmas. La descripción de los testigos en los siguientes casos españoles, describen a un ser de unos tres metros, negro y con una especie de cogulla que se mueve con el viento. En algunos casos aparecen tres en lugar de uno.


-Escalante (Cantabria) 1976

-Isla (Cantabria) 1976

-Vegas de Coria (Cáceres) 1983

-Saucedilla (Cáceres) 1984

-Yebra (Guadalajara) 1990


Abajo fantasma visto en Escalante en 1976.