sábado, 9 de junio de 2012

Artificios del mago III: Fascinación


"Fascinar" es palabra de origen etimológico incierto, sin embargo lo más probable es que su raíz sea dhe- (poner, arreglar), del latín facio "hacer" con derivación facies "haz", "cara", "aspecto". Es pues, una expresión o gesto que se pone con el rostro para provocar algún efecto en la víctima. Comparte raíz etimológica con "hechizo", con lo que podemos afirmar que se trata de hechicería, además "fascinar" es sinónimo de "enhechizar"; y aojado o fascinado es lo mismo que enhechizado. Todos sabemos bien el alto grado de fascinación (engañar, alucinar, ofuscar) que puede provocar un rostro horrible o atractivo. Nadie desconoce como la culebra, al mirar con fijeza al sapo, lo atrae hacia ella hasta venirle a la boca; y se cree también que el gavilán, al divisar un pájaro desde cierta distancia, lo paraliza hasta el momento que se arroja sobre él. Es lo que se conoce como mirada hipnótica o hipnosis.



El órgano de la faz con mayor capacidad de fascinación es el ojo, tanto es que "fascinador" ha sido históricamente sinónimo de "aojador". El mal de ojo es conocido desde la Prehistoria en toda la cuenca Mediterránea, y según algunos estudios en más de medio planeta. Los métodos tradicionales para combatirlo más frecuentes son los amuletos con forma de falo (llamados fascinum) u otros colgantes fabricados con azabache (collares, pendientes, esculturas, etc.). Se dice que los antiguos árabes se hacían nudos en la barba para conjurar el mal de ojo. Hay innumerables modos supersticiosos para combatirlo. Eran las hechiceras o desaojadoras las especialistas en quitarlo, aunque también lo eliminaban los curas y algunas brujas. Quizá debido al carácter envidioso del español, el mal de ojo fue en la Península tan frecuente como dañino.



Había dos formas de aojamientos: Uno por curso natural (bacterías o virus) y la otra es por hechicerías de maleficios diabólicos. No se trata de mal de ojo si se sospecha que “aquel doliente ha sido maleficiado por maliciosas hechicerías de nigrománticos o de bruxas, o de otras malditas personas”. "Aojar" es también conocido como "atravesar", "enhechizar" o "fascinar". Suele culparse a las brujas y meigas sobre este "arte", aunque en el occidente europeo hubo un tipo de hechicera especializada en aojar: la fascinaria. Hay un estrecho vínculo entre la envidia y el mal de ojo, de hecho como su etimología indica la envidia (videre) entra por los ojos.



1-La enfermedad producida por “aojo” se puede presentar de distintas formas, manifestándose, en general, como afecciones que interesan al aparato digestivo y a la cabeza. Los trastornos se caracterizan por síntomas de inapetencia, desgana, decaimiento, ojos caídos, dolor de cabeza en sus múltiples facetas, etc. Cuando un individuo ha sido víctima del mal de ojo, lo que le sucede es que “se le para la comida en el estómago”; esto de denomina “empacho” o “asiento”. No obstante, dicho trastorno puede ser debido a causa distinta del “mal de ojo”.



Entre los efectos perniciosos más comunes que provoca el mal de ojo en las personas se encuentran los traspiés, piojos, enfermedad, no comer, quedarse parado, impedir viajar, manchas en brazos y pecho, delgadez extrema y volverse medio loco. Según un estudio de Carmelo Lisón Tolosana en Galicia, entre los animales domésticos los efectos son los siguientes:



No dan leche (en su lugar sangre) 35%

Enferman 21%

Se paran, se sueltan, vuelcan el carro 14%

No andan 12%

Cornean, dan patadas 7%

No aran 5%

Abortan 4%

No comen 2%



2-Respecto a quienes pueden ser víctimas del mal, el criterio es unánime: se trata de niños, animales y personas adultas, siguiendo este orden en cuanto a frecuencia de casos. El objeto de la envidia o aojo suelen ser las mejores vacas o las que más leche dan, el niño más guapo, el cerdo más cebado, la persona afortunada, en definitiva todo aquello digno de envidia. Abajo tenemos unas estadísticas sobre las víctimas del aojamiento en Galicia:



Animales domésticos (principalmente vacas) 72%

Personas (sobre todo niños) 24%

Objetos (se dañan o estropean) 4%



3-La facultad de echar mal de ojo la posee cualquier persona, si bien, algunas tienen mas fuerza que otras para “esa gracia”. En general, se trata de un acto involuntario, es decir que no existe intencionalidad en el que provoca la enfermedad, aunque también se dan casos en los cuales existe voluntad de hacer daño. En definitiva, se puede concluir que existen tres tipos de aojadores que pueden agruparse en dos categorías: aojadores involuntarios desconocidos, aojadores involuntarios conocidos y aojadores voluntarios desconocidos (en el caso de existir aojadores voluntarios conocidos, se les habría expulsado de la comunidad, castigado u obligado de cualquier forma a no repetir dichos actos, por tanto no se considera esta opción). Algunas personas instaban a los aojadores involuntarios conocidos para que mirasen hacia abajo o se taparan el "ojo maligno" con una venda para evitar desgracias, incluso en algunas localidades gallegas se les ha obligado a llevar gafas oscuras en pleno siglo XX.



El carácter de los que provocan el mal de ojo de forma voluntaria se identifican con: malas personas, envidiosos, avaros, hipócritas, entrometidos, chismosos, rencorosos, coléricos, pendencieros, personas con mala suerte personal, carácter fuerte, poco cívicos y maleducados. Es alta la estadística entre ancianos, pobres, extranjeros, solitarios y marginados. Es de destacar que son mayoritariamente mujeres las causantes del aojo. El aojador suele tener una mirada brava que provoca un desconcierto en la víctima. A decir de algunos testigos y textos históricos, si el que ha sido objeto de un aojamiento por parte de una meiga es consciente de ello y trata de amenazarla o gopearla, el aojamiento desaparece al instante. Como puede comprobarse el aojo voluntario es provocado por los que carecen de bienes o fortuna y marginados de la sociedad (como las meigas), aquellos que tienen motivos reales para envidar al prójimo y a sus posesiones. A menudo el aojamiento viene precedido de un insulto o maltrato verbal al aojador.

Artificios del mago II: Hechizos



Otro artificio bastante común entre los magos son las hechuras, hechizos u objetos tangibles que se emplean para conseguir sus propósitos. Se llaman hechiceros a los magos que dominan principalmente este arte. La raíz etimológica es dhe- (poner, arreglar). Del latín facere "hacer". Hechizo es "artificioso, postizo", sustantivado en el sentido de "artificio supersticioso de que se valen los hechiceros"; de la correspondiente forma portuguesa feitiço (del latín facticius "hecho con arte"), mal pronunciada por los negros, se tomó el francés fétiche, de donde "fetiche".


Fray Eymerich condena a los hechiceros en el siglo XIV:



Los hechiceros y adivinos son procesados por el Santo Oficio, cuando en sus encantos hacen cosas que rocen con la herejía, como bautizar por segunda vez a las criaturas, adorar a una calavera, etc. Mas si se ciñeren a adivinar los futuros contingentes por la quiromancia o rayas de la mano, o por el juego de dados, o el aspecto de los astros, que son meras hechicerías, serán juzgados por los tribunales seglares. Los que dan pócimas amatorias a las mujeres para que los quieran, se asimila a estos últimos. Conforme a esta última observación, si el hechicero que invoca al diablo, por ejemplo, para que se enamore de uno una mujer, y se vale de los imperativos, te mando, te suplico, te pido, te ruego, etc.. es hereje manifiesto, porque estas fórmulas suplicatorias suponen y contienen adoración implícita.


En el siglo XVI, Antonio de Torquemada define a las hechiceras:



Hechiceras se dicen aquellas que, aunque no dejan de tener familiaridad y conversación con el demonio, es de tal manera que ellos mismos apenas entienden el engaño que reciben; y porque se aprovechan de algunos signos y caracteres y otras supersticiones, en que tácitamente invocan nombres de demonios y se aprovechan de su ayuda; y para que con mayor disimulación el demonio las tenga de su bando, aprovenchase juntamente con algunas propiedades de yerbas y raíces y de piedra y de otras cosas que tiene virtudes ocultas; y así van mezclando lo uno con lo otro, que son la magia natural con la del demonio.


En sentido amplio, la hechicería es el conjunto de prácticas que pretenden la manipulación de la naturaleza por medios no naturales. Para ello se vale, por un lado, de las propiedades ocultas de plantas, minerales y fluidos animales, los cuales utiliza para la preparación de remedios terapéuticos, filtros amorosos o venenos que pueden usarse para provocar enfermedades o la muerte. Además de los recursos materiales, el hechicero utiliza unas fórmulas orales que, recitadas durante la ceremonia o ritual mágico, cargan o aumentan el poder de la preparación. Según documentos medievales españoles, en la magia de las confecciones o mezclas se incluían todas las hierbas, todos los árboles, las piedras y los elementos. Entre los componentes más usados históricamente se hallan:



-Del reino mineral: La magnetita o “piedra imán” (aunque a veces se utilizaba como tal cualquier otro mineral), carbón, mercurio, berilo, carbunclos, draconita, ámbar amarillo (resina), ámbar gris (excrementos endurecidos de cachalotes), azogue, lapislázuli, solimán, etc.



-Del reino vegetal: El helecho, romero, habas, alcanfor, cebolla albarrana, cepacaballo o equiseto, agua de rosa, trébol, jazmín, culantrillo, estoraque, laurel, ruda, beleño, mandrágora, estramonio, digital, amanitas (muscaria y phalaoides), aloe, hiedra, limón, vinagre, etc.



-Del reino animal: La algalia, tela de caballo o “hipomanes”, placenta de diversos animales (mantillo), almizcle, picos de golondrina, colmillos de lobo y ojos de loba, sangre de culebras, plumas y corazón de abubilla, moscas del tipo cantárides, espina de erizos, aceite serpentino (al parecer, confeccionado con veneno de víbora), venenos de distintos animales, aceite de escorpión, barbas y sangre del macho cabrío, cuerno de ciervo, huesos de corazón de ciervo o bezoar, hiel de diferentes animales, sesos de asno, etc.



-De origen humano: Semen, sangre menstrual o de otro origen, pelos, uñas, sudor, orina, saliva (especialmente la que se obtiene en ayunas), piel, dientes (especialmente los de ahorcados), mantillo de niño (amnios o bolsa amniótica), etc.



-Objetos consagrados: Hostias, trozos de la piedra del altar (ara consagrada), cera del cirio pascual, agua bendita, etc.



-Otros de difícil calificación: Tierra de cementerio, tierra pisada por la víctima del hechizo, trozos de ropa, piedra del águila, soga de ahorcado, etc.



Todos los hechizos forman parte de cuatro grandes familias: fascinaciónes, veneficios, fijaciones y ligaduras. Las iremos analizando en futuras entradas. Según la moralidad de los fines del hechizo se clasifican en maleficios y beneficios. Si bien había hechiceros especializados en maleficios o beneficios, también los había que se servían de ambos.  



Los beneficios (no confundir con veneficio) más comunes estaban destinados a desligar y deshechizar. Entre las ligaduras benéficas se hallan los colgantes u objetos que se llevan atados al cuerpo, consistentes en precantaciones o caracteres mágicos. El beneficio es rara vez nombrado dada la mala fama que tuvo la magia entre los eruditos medievales, sin embargo en un texto hispano del s.XIII se lee:



Ellas Fueron rayz de los fechizos, e de las conjuraçiones, e de los encantamentos, e de los malefiçios... e otrosí que ellas fueron rayz de los benefiçios que es sanar de todos estos malos fechos e de tornar que los que fuxiesen que no pudiesen yr adelante. E dizen que ellas auíen el saber de los transmudamientos de las cosas de los poderes de las suertes.



Los maleficios eran hechizos realizados con perversas intenciones, los más comunes eran las ligaduras, fijaciones, los venenos, las drogas nocivas y el mal de ojo. Los magos que se especializaban en ellos se llamaban maléficos, San Isidoro (s.VII) comenta sobre ellos:



Los magos o maléficos perturban los elementos, trastornan las mentes de sus víctimas. Sin veneno alguno, provocan la muerte con sus cármenes ("malum carmen"). Como dice Lucano: “De ahí que la mente sin tener veneno alguno, parece encantada (incantata)”. Conjuran demonios, presumen de eliminar a sus enemigos con malas artes. Se sirven de sangre y víctimas. A menudo tocan los cuerpos de los muertos.

martes, 5 de junio de 2012

El hombre y sus creencias


Esta entrada no es más que un breve diccionario sobre los diferentes nombres que han recibido los hombres según el modo de ver que tienen en temas de fe. Soy estudioso de las religiones, pero no practicante de ninguna de ellas, así que basaré las conclusiones desde un punto de vista puramente histórico y mitológico, pues ambos factores son esenciales para la objetividad de la cuestión a tratar. Como ya sabeis, el estudio del origen de las palabras es crucial para conocer lo verídico en cualquier campo objeto de investigación, y no lo es menos en la historia de las religiones. Las palabras en el ámbito teológico se han manipulado con frecuencia por aquellos interesados en sacar rédito. Iremos viendo de nuevo como haciendo un enfoque adecuado, las palabras -y su origen etimológico- alumbran el camino del conocimiento.


Apóstata: Raíz sta- (estar en pie). Del griego aphístamai "me alejo". Se refiere al que se aleja de una doctrina religiosa ya sea de forma regular o irregular.



Apóstol: Raíz etimológica stel- (poner, colocar). Del latín apostolus y éste del griego apóstolos "enviado", derivado de apostéllo "yo envío". Con este nombre se conoció a cada uno de los doce principales discípulos de Jesucristo, a quienes envió a predicar el Evangelio por todo el mundo. La palabra es similar al árabe rasul "enviado" que fue Mahoma. Para la tradición poscoránica es "enviado" el recipiente de la revelación con encargo de transmitirla a toda la humanidad o parte de ella.



Asociadores o teístas (árabe sirk): Aquellos que comenten pecado imperdonable, que consiste en juntar a Él (El Creador) otro/s ente/s. El asociador o teísta asocia a Él uno (monoteísmo) o más dioses que forman un panteón (politeísmo). Un claro ejemplo de monoteísmo es el judaísmo moderno, pues con el tiempo manipularon las Escrituras convirtiendo a Él en un dios a su antojo (Yavé). Un ejemplo de politeísmo es el panteón griego, que asoció Crono a Él y le hizo crear varios dioses (entre ellos su líder Zeus) que formaron parte de un mismo panteón que terminó incapacitando a Él. El prefijo "teo-" se refiere propiamente a "dios/es" y así lo empleo.


Clérigo: Raíz kel-1 (cortar, batir). Del griego klerós "lote asignado a una iglesia". Parte que toca en suerte, referido probablemente a la tribu de Leví, y de ahí al clero judaico o cristiano.



Creyente: Del latín craedere "creer, confiar". La raíz es kerd- "corazón". Así el creyente es el que confía en su fe de corazón.



Fiel: Del latín fides "confianza", "fe". Raíz bheidh- (persuadir). El fiel es el que guarda fe, o es constante en sus afectos, en el cumplimiento de sus obligaciones y no defrauda la confianza depositada en él. La raíz etimológica añade obligación o fidelidad al fiel. Véase "musulmán".


Filósofo: Propiamente "el que gusta de un arte o ciencia, el intelectual". Isidoro da una definición completa:


Reciben este nombre, de cuño griego, que en latín se traduce como "amantes de la sabiduría". En consecuencia, el filósofo es el que posee el conocimiento de las cosas divinas y humanas, y el que observa todas las reglas del bien vivir.


Gentil: Entre los judíos, se dice de la persona o comunidad que profesa otra religión. Es también sinónimo de pagano o idólatra en el sentido de grupo de gente con una religión falsa.  Vocablo similar es el árabe yahil que es el que no ha recibido la revelación divina, ignorante religioso.



Hanif (árabe) : Creyente inflexible preislámico -no judío ni cristiano-, individualidad disidente en un medio pagano, buscador de Él. Prototipo: Abraham.



Hereje: Del occitano antiguo eretge, y éste del latín tardío haereticus, tomado a su vez del griego hairetikós "partidista", "sectario", derivado de hairéomai "yo abrazo un partido" (propiamente "yo cojo", "escojo"). Esta palabra se ha manipulado bastante a lo largo de la historia por diferentes religiones, como por ejemplo los cristianos católicos que consideraban "herejes" a todos aquellos que no compartían su "fe verdadera", siendo ellos mismos herejes también, pues del cristianismo original nacieron diferentes partidos o creencias alternativas que se fueron multiplicando con el trascurrir del tiempo: católicos, gnósticos, pelagianos, luteranos, coptos, etc. También pueden calificarse de herejes a los partidos creados a partir del Corán: suníes, chiitas, etc., o a los judíos: masboteos, samaritanos, saduceos, etc. Todos los herejes tienen una interpretación particular de las Escrituras Sagradas e incluso las trastocan por pura conveniencia.



Hipócritas (traducción aproximada del árabe munafiqun): Es un concepto religioso. Eran medineses, musulmanes de palabra, infieles de corazón, observantes remisos, indignos de confianza, intrigantes, oportunistas. Adversarios políticos de Mahoma, pocos en número, fuertes entre los años 625 y 627. Aunque no formaban un partido definido, su jefe era Abd Allah ibn Ubayy. Véase "hereje".


Hombre divino (theios aner): Se trata de un hombre con una vinculación especial con Dios o los dioses, lo que le confiere poderes y habilidades muy superiores al resto de los mortales. Buenos ejemplos son: Platón, Socrates, Pitágoras, Crisipo, Epicuro, Diógenes o Apolonio de Tiana.



Idólatra: El que adora ídolos (taguts en árabe). La idolatría fue bastante común entre las culturas primitivas. Se considera pecado muy grave y propia de asociadores y paganos. La idolatría, así como el concepto teísta de "Dios" subsiste en el cristianismo actual. Santos, vírgenes, Cristos, beatos, etc., son objeto de clara idolatría.



Infiel (árabe kafir): Que, conscientemente, no acepta la revelación divina. Su postura, pues, no es pasiva sino activa.


Laico: Del latín laicus "que no es clérigo", "propio del que no lo es", y éste del griego laikós "perteneciente al pueblo", "profano", derivado de laós "pueblo".


Monje: Del latín monachus, propiamente "anacoreta", y éste del griego monakhós "único, solitario" (derivado de mónos "uno", "solo"). San Isidoro (s.VII) distingue varios tipos:


Si monje se interpreta como "solitario", ¿qué hace enmedio de la gente el que está solo? Muchas son las clases de monjes. Así los cenobitas, a quienes podemos definir como los que viven en común, pues el cenobio es propio de muchos. Anacoretas son quienes, después de la vida cenobítica, se dirigen a los desiertos y habitan solos en parajes despoblados: se les ha dado semejante nombre por haberse apartado lejos de los hombres. Los anacoretas imitan a Elías y a Juan; los cenobitas, en cambio, a los apóstoles.


Los eremitas, también llamados anacoretas, son los que han huído lejos de la presencia de los hombres, buscando el yermo y las soledades desérticas. Yermo (eremus) viene  a ser como remoto. Abad es una palabra siria que se traduce en latín por "padre", y que utilizó Pablo en su epístola a los romanos cuando dijo: "En el cual exclamamos: ¡Abba, Padre!, en donde para un mismo concepto se sirvió de los dos idiomas, pues primero dice "padre", empleando el término sirio "abba"; y luego vuelve a nombrar al padre con la palabra latina.



Musulmán: Tomado del persa musulman, por conducto del francés. La forma persa es derivada del árabe múslim, participio activo del verbo ´áslam "obedecer por la voluntad del Creador". De la misma raíz arábiga son "Islam" y "zalema". Musulmán es sinónimo de "fiel".


Neófito: Del griego neóphytos "nuevo nacimiento".  Persona recién convertida a una religión.



Ortodoxo: Raíz dek-1 (tomar, aceptar). Del latín tardío ortodoxus "opinión o creencia recta".



Pagano Raíz pak- (fijar, atar, asegurar). Del latín pagus "aldea, población", llamado así por la resistencia que los campesinos ofrecían al cristianismo que ya se había establecido en los centros urbanos, "pagano" llegó a significar "gentil, no cristiano".  


Pecador: Raíz ped- (pie). Del latín pecco "cometer una falta" "tropezar". El pecador se aparta de una norma por exceso o por defecto, habitualmente se refiere al infractor moral.



Profeta: Del latín propheta. Tomado del griego prophetes, derivado de prophemi "yo predigo, pronostico" (derivado de phemi "yo digo"). Profeta es el hombre que habla en nombre y por inspiración de Él, asimismo conjetura y predice acontecimientos futuros utilizando sus sentidos. Por el contrario el adivino se inspira en los dioses, mientras que el nigromante encanta entidades no divinas (principalmente difuntos) para presagiar.


Prosélito: Del latín proselytus, tomado del griego proselytos "convertido a una religión", propiamente "el que acude a un país para establecerse", derivado de proseléusomai "iré a un lugar". Según Isidoro designa al forastero y circunciso que se mezclaba con el pueblo de Dios.



Sacerdote: Del latín sacer-dos "que celebra ritos sagrados". Raíz sak- (santificar), pertenecen a la misma raíz "santo", "sagrado" y "sacrificio".


Santo: Raíz sak- (santificar). Del latín sancio "consagrar", "prescribir". En sí mismo es la persona que está especialmente dedicada a lo sagrado. Variable es santón "que profesa vida austera fuera de la religión cristiana".


Taumaturgo: Raíz werg- (hacer). Término de origen griego que significa "el que hace maravillas o prodigios".


Teólogo: Del griego theología. Es el que estudia la ciencia que trata de Dios y de sus atributos y perfecciones. En realidad esta palabra se refiere a "Dios/es" y no a "El", pues la teología es de origen gentil, aunque ante tanto refrito se ha venido usando normalmente de modo genérico. Dice Isidoro sobre los primitivos teólogos:


Teólogo es otro de los nombres que reciben los filósofos físicos (los que tienen a la naturaleza como objeto de estudio), y que se les aplica porque en sus escritos trataron el tema de Dios. En su búsqueda de qué es Dios, sus opiniones son evidentemente muy variadas. Unos, como Dionisio el estoico, afirmaron que Dios era este mundo visible por nuestros sentidos corporales y que estaba integrado por cuatro elementos. Otros, como Tales de Mileto, adoptando una postura espiritual, sostuvieron que Dios era la inteligencia. Algunos -es el caso de Pitágoras- dijeron que es resplandeciente (acierta Pitágoras, pues esa es su etimología) y se encuentra, espíritu como es, en todas partes.  


Otros como Platón, opinaron que Dios es inmutable e intemporal. O quienes como Cicerón lo consideraron inteligencia independiente. O bien -así Marón- espíritu e inteligencia. A ese Dios que habían descubierto sirviéndose de sus propias luces, lo explicaron de manera distinta a como lo descubrieron, porque acabaron desvaneciéndose en sus propias lucubraciones: llamándose asimismo sabios, se convirtieron en necios. Los platónicos conciben también a un Dios providente, árbitro y juez. Los epicúreos, ocioso e inactivo.  



Teurgo: Raíz dhes- (Dios). Vocablo de origen griego que significa "el que hace obra divina". La teurgia era una especie de magia de los antiguos gentiles, mediante la cual pretendían tener comunicación con sus divinidades y hacer prodigios.

jueves, 24 de mayo de 2012

Artificios del mago I: Cantos


El uso de la palabra ha sido desde siempre el arma más mortífera de los magos. De hecho "mago" y "encantador" fueron sinónimos desde al menos la Edad Media. Podemos poner como ejemplo tanto al mago que pretende invocar entidades de otros mundos como el que habita en una tribu y trata de curar una enfermedad con cánticos. Entre los griegos la goecia (encantamiento) era opuesta a la teurgia divina, llamaban goetas o goes a los encantadores. Esto da una idea de su notoria importancia. Isidoro indicaba que los encantadores eran aquellos que se valían de palabras.



Canto viene del latín cantus cuya raíz etimológica es kan- (cantar), palabras incluídas en la raíz son "encantar", "engatusar" (confusión del antiguo "encantusar", derivado de "encantar") y "vaticinar" (vate o adivino que canta). No deja de ser curioso que comparte raíz el alto alemán antiguo hano, que significa "gallo".



-"Encantar" es alterar la naturaleza de algún objeto, lugar o ser vivo por medio de cantos mágicos. Entre los encantadores que hay constancia histórica en el occidente europeo se hallan los encantadores de lobos, de armas, de los elementos, de serpientes, de espíritus (nigromantes) y los de hierbas (llamados también herbarii). En la India, según Marco Polo, había encantadores de peces. Parece que estas palabras tenían la capacidad de alterar la estructura molecular de aquello a encantar.



-"Excantar" es hacer desaparecer algo o a alguien a través de cánticos mágicos. En época romana hay casos documentados de robos de cosechas por medio de "excantos".



-"Precantar" es alejar o exigir con firmeza algo a través de cánticos mágicos. La palabra parece ser sinónimo de conjurar (alejar y obligar), pues San Isidoro indicaba que los necromantes se valían de precantationes para forzar a las almas a volver a un cuerpo. Entre los judíos existían una especie de curanderos o exorcistas llamados "precantadores" que se valían de rimas (algunas de ellas se han conservado hoy) en las que se alude frecuentemente a Yavé y los ángeles. Estaban especializados en quitar todo tipo de males espirituales, tales como el mal de ojo y otras enfermedades causadas por magia. Eran vistos popularmente como los enemigos de los encantadores, pues se dedicaban a reparar los desmanes  que éstos provocaban. El mismo Jesús se portaba como un precantador judío, ya que solía curar enfermedades y practicaba exorcismos. La palabra "precanto" no existe en español, pero sí en portugués, pues fue allí donde fueron exiliados muchos de estos judíos.  Los precantadores cristianos españoles se llamaron "curas" desde el s.XIV.



-Ensalmar: Dentro de la familia de los cantos puede incluírse el salmo o salmodia, cántico religioso con alabanzas a Dios. El salmo es una versión cristianizada del canto. Los ensalmadores eran aquellos que curaban con ensalmos a los embrujados y delataban a los magos culpables del mal, aunque principalmente tenían por oficio componer los huesos dislocados o rotos. Ensalmador sería en la práctica un tipo de precantador.


-Vaticinar viene de vaticinador (lit. "adivino que canta"). El vaticinio es un presagio que efectuaban algunos poetas cantando por medio de una inspiración divina. Isidoro (s.VII) comenta algo de los vates:


El nombre de "Vates", acuñado por Varrón, les es aplicado por la fuerza de su ingenio, o tal vez por trenzar versos, es decir, ajustarlos, o sea, modularlos. Por eso, antiguamente a los poetas se les llamaba en latín "vates", y a sus escritos, "vaticinios", porque cuando escribían, se sentían agitados por una cierta fuerza y una especie de locura; o quizá porque articulaban unas palabras con otras de acuerdo con un determinado ritmo. Por su inspiración recibían también el nombre de "adivinos", debido a que, por lo general, se expresaban en verso.


El término vates reciba en latín un claro sentido peyorativo, de la misma forma que el verbo vaticinor sea sinónimo (por ejemplo, en Cicerón) de “divagar”, “tener propósitos incoherentes”. Los vaticinadores siguieron existiendo en España al menos hasta la Edad Media, pues en el Fuero juzgo del año 681 se condena a los que consultan a los ariolos, arúspices y vaticinadores. Asimismo, en la Asturias del s.IX algunos clérigos recibían el título de "vate", de hecho comenta San Isidoro (s.VII) sobre el vate:


El vate recibe este nombre por la potencia de su mente. Su significado es múltiple, pues significa sacerdote, profeta o poeta.

-Nenia: La poesía latina menciona con frecuencia otra categoría de canto mágico, la nenia, generalmente atribuida al pueblo marso. El término es, aún hoy, de significado oscuro pero parece identificarse con fórmulas vulgares, de escaso prestigio, utilizadas tanto en cantos fúnebres como quizá también en la magia amorosa. La hechicera Canidia, dirigiéndose a Varo, le dice:



¡Pues no, no serán usuales pociones las que a mí me traigan, Varo que has de llorar tanto, ni fórmulas marsas te harán entrar en razón!



En un texto germano de Buscardo de Worms de aproximadamente el año 1000 se dice:



¿Has hecho vigilias fúnebres, es decir, has participado en los velatorios de difuntos en que los cuerpos de los cristianos eran asistidos según el rito pagano, y has cantado nenias diabólicas y has bailado las danzas que inventaron los paganos instruidos por Satanás; has bebido o te has abandonado a risas descomedidas y, dejando a un lado todo sentimiento de piedad y compasión , parecía como si te alegraras de la muerte de tu hermano?





sábado, 5 de mayo de 2012

Sobre los dioses


En esta entrada se tratará el origen y la evolución de la palabra "dios". Creo firmemente que sólamente evitando ideas preconcebidas y empezando desde cero pueden llegarse a conclusiones convincentes en un asunto de tal complejidad. Actualmente tenemos una idea bastante alejada sobre este término, se debe principalmente al sincretismo religioso o a la asociación de palabras antiguas con las nuevas creencias que se han ido dando. Vaticino que habrá importantes sorpresas en este trabajillo. 



Etimologías: "Dios" viene de la raíz indoeuropea deiw- ("brillar", con otros derivados como "cielo" o "día"). La palabra es de origen hindú (sánscrito dí-de-ti) y fueron los pueblos indoeuropeos los que la trajeron a Europa en época pretérita. Hay muchas palabras que entran en esta raíz, así del sánscrito devah ("dios") procede devi, que era el nombre genérico de las divinidades femeninas de la India, en especial bajo un aspecto demoniaco. No deja de ser curioso lo que se dice en una de las suras del Corán: "muchos de aquellos dioses que adoran los incautos son deidades femeninas".


Del latín deus ("dios") proceden directamente el español "dios", "deidad" o "adios"; mientras que del latín divus derivan "divino" o "divo". Con grado cero y sufijo diw-yo- tenemos "Diana" (diosa lunar). Leyendas sobre las Dianas, janas, anjanas y otras "anas" existen en en la literatura legendaria hispánica, pero lejos de ser simples cuentos su culto está atestiguado en España por Martin Dumiense (s.VI), el cual refiriéndose a las creencias de los gallegos comenta:


En el mar invocan a Neptuno, en los rios a las lamias, en las fuentes a las ninfas, en los bosques a las dianas, todos los cuales son malignos demonios y espíritus nocivos que atormentan a los hombres infieles...


Con la variante dyeu-: Jove (dios del brillante cielo) se encuentran el latín Iovis (genitivo de Iuppiter) del que vienen palabras como "jueves", "jovial" o "júpiter" (también llamado dyeu-pater, padre Júpiter o Dios padre). También está relacionado el griego Ζεύς (Zeus), del que proceden los "Dioscuros" (del genitivo Διόσ: de Zeus, κουροι: hijos). No es de extrañar que Júpiter fuera el Zeus romano. Por último de la variante dye- procede el latín dies (día) que dio origen a palabras como "día", "diurno", "cotidiano", "jornada", etc.


Con respecto a la palabra "diablo" no hay opinión clara entre los etimólogos, yo sin embargo creo que es sinónimo de daeva dado su parecido etimológico y funcional. En el libro de Macabeos 1, 36 (texto griego) se encuentra la palabra diábolos con el significado de ‘adversario’, ‘enemigo’. También en algunas ocasiones incluye el sentido de ‘acusador’ o el de ‘calumniador’Job 1:8-12 . La palabra griega diábolos ("calumniar") es diaballein: día (a través) +ballein (arrojar). Los traductores del Antiguo Testamento al griego, en el siglo III, sustituyeron el hebreo Satán por el griego diábolos. Otras versiones plantean que la palabra "diablo", devil ("diablo" en inglés), djofull, divell, con todas sus variantes, no tiene por qué haberse derivado de diábolos, aunque el uso de esta variante podría deberse a un juego de palabras similar al que convirtió al dios canáneo Ba'al Zebûl (literalmente "el señor príncipe") en Baal Zabut ("el señor de las moscas"), el actual demonio Belcebú. Esta versión plantea que la palabra diablo se deriva del Proto-Indo-Europeo *deiwos, adjetivo que significa "celestial" o "resplandeciente", una derivación Pre-Indoeuropea de la raíz *diw o "resplandecer", relativa sobre todo al cielo diurno.



La raíz *deiwos generó no sólo la palabra divel o teufel en lenguas de Europa del Norte, que son equivalentes al diablo de éste idioma; también derivan de ella el griego theos (clara conexión entre el prefijo"teo-" y "dios") , el lituano dievas, el germano Tiwaz, el latín antiguo deivos y el latín moderno Deus. Tiwaz o Teiwaz era el nombre del dios nórdico Tyr. El inglés god (dios) proviene de la raíz ghut- (el invocado); relacionado con zovo "llamar" y el sánscrito huta "el invocado" que es un epíteto del dios Indra. La forma primitiva germánica parece haberse referido al espíritu inmanente enterrado en un montículo. El término está de algún modo vinculado con el griego Zeus en el sentido de "brillante". Es muy probable que "god" y "godo" estén relacionados ya que el culto al dios Tyr fue común entre los pueblos godos.  Respecto a Lucifer (literalmente "portador de la luz") procede del hebreo  Helel (הֵילֵל, "el brillante"), y es sinónimo de "diablo". El brillo es algo latente entre los diablos. 


Como vemos, nada tiene que ver la palabra "dios" con el supremo Yavé del Antiguo Testamento, el islámico Alá o el cananeo Él. Se trata en realidad de una traducción bíblica errónea para un pueblo europeo que tenía un concepto politeísta del mundo. Digamos que fue una traducción políticamente correcta. Sí, todos llamamos hoy día "Dios" al Creador (El) de modo impropio, es bueno saberlo. Ateniéndonos al lenguaje el verdadero nombre del Creador es "El" cuya raíz es al-1 (más allá), pues se consideraba que estaba lejano de la vida cotidiana del hombre, de ahí que tanto dioses como demonios recibiesen culto en el globo de modo mayoritario. En cuanto a "diablo" parece sinónimo de "dios", aunque resulte bastante paradójico...



En el zoroastrismo la palabra daeva ha adquirido un significado peyorativo: "ser sobrenatural malo, demonio". En la tradición zoroástrica, los daevas son los adversarios malignos de los ahuras. La teoría más antigua es que los daevas/devas y asuras/ahuras representaban facciones rivales en el panteón indo-iranio desde una época muy remota, en la actualidad ha sido abandonada por casi todos. Parece más probable que durante la emigración de las tribus protoindias y protoiranias desde las estepas del sur de Rusia, el culto del dios guerrero Indra llegó a ser prominente entre los protoindios, eclipsando en parte la veneración tradicional a los grandes dioses Mitra y Varuna. En cierto momento este culto, que enfáticamente se dirigía a Indra y su séquito, como los devas, parece haberse difundido entre los protoiranios, provocando la furiosa reacción de Zoroastro. Indra es todavía uno de los eminentes daevas en el Zoroastrismo. Vamos a analizar a continuación a algunos de estos verdaderos dioses (nunca mejor dicho). Me refiero a Indra, Zeus, Júpiter y Tyr. No es extraño que tengan muchos rasgos similares, pues son mismo perro con distinto collar. Propiamente hablando el vocablo singular "dios" se refiere a cualquiera de ellos.



Indra: En el hinduismo, rey védico de los dioses, al que se dirigen muchas de las oraciones del Rig Veda. Figura guerrera, era dios de la lluvia, utilizando el trueno y el rayo como armas, y logrando apoyo de parte de un elixir especial y la ayuda de otras deidades como Visnú. Hallado también en la mitología jainita y budista, es el padre de Arjuna, una de las figuras centrales del Mahabharata. Su importancia declinó en el hinduísmo posterior, y su papel fue asumido por Brahma.



Su piel es blanca o amarillenta y su cuerpo está cubierto de ojos con párpados que le permiten ver todo lo que sucede en el mundo. En realidad esos ojos fueron una maldición-bendición de sabio Gótama. Indra había seducido a la esposa del sabio, Ajalia (Ahalya). Al enterarse el asceta del adulterio, hizo que el cuerpo de Indra se llenara de decenas de vulvas. Indra hizo penitencias para pedir perdón, y el sabio terminó accediendo a convertir las vulvas en ojos.



En las escrituras hinduistas, Indra es un dios temeroso de perder su puesto como dios principal. Por eso, cuando se entera de que algún humano (como Vishuámitra) realiza muchas austeridades para ganar karma que le permita ascender en una siguiente encarnación y ocupar el puesto de Indra, éste envía a las prostitutas celestiales, las apsaras (como Urvashí, Rambhá o Menaká) para que lo seduzcan y le hagan perder todo avance místico.



Indra está casado con Indrani (cuyo padre, Puloman, él había matado). Fue padre —con distintas mujeres— de Áryuna, Yaianta, Midhusa, Nilambara, Kamla, Bhus y Rishabha, entre otros. Indra es uno de los hermanos del dios del Sol Suria. Indra mató a los hijos de Diti, así que ella esperaba un hijo que fuera más poderoso que Indra y le vengara. Para ello se mantuvo embarazada durante un siglo, mediante la práctica de la magia. Pero cuando Indra la descubrió, le arrojó su rayo, que destrozó el feto en siete partes. Cada parte se regeneró como un individuo, y se convirtieron en los Maruts, un grupo de dioses de la tormenta menos potentes que Indra.



Zeus: Dios supremo de los griegos, venerado por todos los pueblos helénicos. Es esencialmente el dios de la luz (proveniente de su etimología). Es también el dios de la naturaleza física y de los grandes fenómenos celestes donde se manifiesta la vida cósmica: personificación del cielo y su esplendor, símbolo de la lluvia, del viento, de las tormentas, del ciclo de las estaciones y de la sucesión del día y la noche. Es el dios del rayo, venerado en los picos elevados: el Táigeto, el Himeto y sobre todo el Olimpo, su morada. Es el amo de los elementos y a veces parece reinar sobre el mar, como su hermano Poseidón, o en los infiernos, reino de su hermano Hades. Es dios de la justicia: vigila el respeto a los juramentos y a las leyes de la hospitalidad. Castiga la impiedad y la desmesura, pero sabe igualmente recompensar los actos de piedad. Reina como patriarca sobre una sociedad organizada, pero sus poderes tienen un límite, pues a su vez está sometido a las leyes del destino.



Es el hijo menor de Crono y Rea, y pertenece por tanto a la tercera generación divina. Crono (nombre que dieron los griegos a Él), a quien se le había profetizado que un hijo suyo le destronaría, había devorado ya a los cinco que le había dado Rea, pero ésta consiguió salvar a su último hijo entregando a su esposo una piedra envuelta en pañales y escondiendo al niño en Creta, donde sería criado por la ninfa o la cabra Amaltea. Ya adulto, Zeus liberó a sus hermanos utilizando una droga, que le había proporcionado Metis, que obligó a Crono a vomitar a todos sus hijos. Luego destronó a su padre. Antes de reinar en el Olimpo tuvo que combatir durante diez años con los titanes. Los olímpicos obtuvieron la victoria y los tres hermanos se repartieron el poder: Zeus obtuvo el cielo, Poseidón el mundo marino y Hades el subterráneo.



La literatura ha concedido un amplio desarrollo a las aventuras amorosas de Zeus, que se unió a muchas divinidades de las que tuvo hijos célebres: las horas y las moiras (de Temis), las cárites (de Eurínome), las musas (de Mnemósine), Apolo y Artemisa (de Leto), etc. De Hera, su esposa legítima, que también era su hermana, solo tuvo a Ares, a Hefesto (solo según algunas versiones) a Ilitía y a Hebe. Con Démeter, otra de sus hermanas, tuvo a Perséfone. Zeus se unió también a muchas mortales y para conseguirlo solía recurrir a las metamorfosis más variadas. Engendró también otros muchos hijos, tanto dioses como héroes: Helena, Pólux, Hércules, Minos...



Júpiter: Hijo de Saturno y Rea. Personificación de la luz y los fenómenos celestes entre los pueblos itálicos, fue asimilado al Zeus griego adoptando su genealogía y aventuras, particularmente la galantes. En Roma se le atribuyeron epítetos culturales. Es el dios Fulminator o Tonans, el que esgrime el rayo. Es también Jupiter Elicius, el que trae la lluvia; el campesino le hace ofrendas y le dirige plegarias antes de la siembra para que sea propicio a la agricultura, ya que Júpiter rige también la fertilidad de los campos. Supremo señor del mundo, es el protector del Estado. Júpiter Fidius es garante de la palabra dada, de la rectitud en las relaciones sociales, la fidelidad de los tratados, el que asegura buenas relaciones internacionales. Júpiter Stator decide la suerte de las batallas y obtiene los trofeos; los generales que habían tenido derecho al triunfo acudían a su templo, en el Capitolio, a ofrecerle su corona y un sacrificio. En efecto, el Capitolio le estaba consagrado y en él se le honraba bajo el epíteto Optimus Maximus. Formaba junto a Juno y Minerva, la llamada "triada capitolina".



Tyr: Tyr (nórdico antiguo: Týr) es el dios de la guerra y batalla en la mitología nórdica, descrito como el hombre de una sola mano. Según la Edda Mayor es hijo del gigante Hymir y de Frilla, en su Edda Menor Snorri Sturluson lo describe como hijo de Odín y de Frigg. Los nombres correspondientes en idiomas germánicos incluyen Tyz (godo), Ty (noruego antiguo), Ti (sueco antiguo), Tiw, Tiu or Tew (inglés antiguo) y Ziu (antiguo alto alemán).



El nombre Tyr significa "dios" (o Hangatyr, el "dios colgado" como uno de los nombres de Odín) y proviene del protogermánico Tîwaz, continuando con el proto indo-europeo Dyeus, originalmente el dios principal, y también el precursor de Zeus en la mitología griega, y de Dyaus Pitar en la religión védica. El testimonio más antiguo de la fuente de este dios es el Tyz godo (Viena cod. 140). En cierto punto, Tîwaz fue sobrepasado en renombre y en autoridad por Odín en las tradiciones germánicas del norte y del oeste. Sin embargo, entre las tribus germánicas del este, él parece haber seguido siendo el dios supremo: los godos del siglo III eran temidos porque sacrificaban a sus cautivos que tomaban en batalla, en honor de Tyz, su dios de la guerra, y después colgaban los brazos de las víctimas en árboles como símbolos de ofrecimiento. Esta costumbre de sacrificio humano parece haber sido transferida a Odín en Escandinavia, según lo divulgado por Adán de Bremen en siglo XI (también Odín mismo cuelga de un árbol en el Hávamál como sacrificio hacia sí mismo).



Es posible que la transferencia de la supremacía de Tyr a Odín fuese facilitada por la costumbre germánica de la diarquía (véase rey germánico, Hengest y Horsa, Yngvi y Alf y Alrek y Eirík), de modo que los dos dioses pudieron haber gobernado el panteón germánico primitivo como seres iguales en cierto punto. Un rastro de su relación se puede considerar en el aspecto de Tyr como hijo de Odín en la mitología nórdica, y también en la anglosajona, si Tiw es identificado con Saxnot (Seaxneat), el 'dios de la guerra' e hijo de Woden, que fue venerado como antepasado de los sajones. Hay evidencia incompleta de un consorte en la Zisa alemana: Tácito menciona una tribu germánica que adoraba a "Isis", y Jacob Grimm señaló a Cisa/Zisa, la patrona de Augsburg, en esta conexión. El nombre Zisa sería derivado de Ziu etimológicamente, en acuerdo con otras consortes al dios principal en los panteones indoeuropeos, por ejemplo: Zeus y Dione.



Según el Edda, en cierta etapa los dioses decidieron encadenar al lobo Fenrisulfr (Fenrir), pero la bestia rompía cada cadena que le colocaban. Finalmente hicieron que los enanos les fabricaran una cinta mágica llamada Gleipnir, de materiales tales como las barbas de una mujer y las raíces de una montaña. Pero Fenrir presintió el engaño de los dioses y rechazó permanecer amarrado con esta cinta a menos que uno de ellos pusiera su mano en la boca del lobo, en señal de buena fe. Tyr, conocido por su gran valor, accedió, y los otros dioses amarraron al lobo. Fenrir sintió que lo habían engañado y mordió la mano del dios. Fenrir seguirá siendo encadenado hasta el día de Ragnarök. Durante el Ragnarok, Tyr matará y será muerto por Garm, el perro guardián de Helheim. Tyr era un dios extrañamente zurdo, si se tiene en cuenta que en ese tiempo estaba asociado con la mala fortuna.



Tyr/Tiw era relativamente poco importante comparado con Odín/Woden en los pueblos germánicos del norte y del oeste. Sin embargo, siguen existiendo rastros del dios, en Tuesday -martes en inglés- ("día de Tiw"), nombrado en honor a Tyr en los idiomas germánicos del norte y del oeste (que corresponden en español a Martis dies -martes, día de marte-, dedicado al dios romano de la guerra, Marte) y también en los nombres de algunas plantas, por ejemplo: del Nórdico antiguo las palabras Týsfiola (Viola Martis latino), Týrhialm (Aconitum, una de las plantas más venenosas en Europa cuyo forma de casco sugiere una conexión guerrera) y Týviðr, "Madera de Tý's", en el dialecto Tistbast de Helsingor, sueco moderno Tibast (el Daphne mezereum, un arbusto que florece antes de que aparezcan las hojas en primavera). El bosque sueco Tiveden puede ser también nombrado en honor a Tyr, o reflejando Tyr como palabra genérica para el "dios" (es decir, el bosque de los dioses).



Conclusiones: Según muchos mitos, los dioses son usurpadores del poder del Creador (véase Crono/Zeus, Júpiter/Saturno, Ahura Mazda/Indra o el caso de El/Baal), para luego introducir su propio panteón. Lo curioso es que ésta pérdida de hegemonía se materializó en la vida real, pues por ejemplo el culto a Crono fue muy minoritario en el mundo helénico, se recordaba el culto de Crono como la "Edad de Oro" en la que la humanidad vivía en el Paraíso en una época muy remota. Por otro lado, los dioses no eran precisamente un compendio de virtudes: usurpaciones, adulterios, asesinatos, violaciones y un largo etcétera. 



¿Eran tan buenos y perfectos los dioses como creían muchos indoeuropeos? No, porque en realidad se trataba de diablos en el más puro sentido de la palabra, la personificación de las pasiones humanas en un ídolo o becerro de oro. Tanto el amor, el sexo, o la guerra entre otras se asociaban a un dios. Queda clara la involución religiosa del hombre en los últimos milenios, hoy día los dioses han mutado, pero siguen existiendo, se hayan en equipos de fútbol, partidos políticos, mercaderes de la fe o incluso en individuos (vivos o muertos) de "buena" reputación que se idolatran inventando su historia. Sin olvidarnos que todo ello no habría sido posible -al césar lo que es del césar- sin la tornadiza y débil fe del vulgo, algo constatable a lo largo de la historia. 


El culto a los dioses extravía y ciega a los hombres de la verdadera esencia del Uno. Son cada vez más los científicos que afirman que existe una inteligencia preclara detrás de la perfección armónica del universo. Hay evidencias de ello en la naturaleza para los que razonan. Solamente al final de la antiguedad algunos filósofos politeístas neoplatónicos empezaron a conceder verdadera importancia a la virtudes y al Uno o Creador del universo (Demiurgo) sobre los otros dioses. Por supuesto esta élite religiosa no representaba al paganismo del pueblo ordinario, que además ya estaban adoptando el cristianismo de forma paulatina e imparable. A pesar de los esfuerzos de la Iglesia católica por destruir las obras de estos filósofos (muchas fueron quemadas o prohibidas) los eruditos islamitas y otros pensadores occidentales pudieron recuperar algunas obras clásicas de Jámblico, Porfirio y Plotino entre otros. Dichas obras fueron fundamentales para el Renacimiento intelectual europeo desde el s.XVI. Aunque para las masas sean personajes desconocidos, la humanidad está en deuda con todos ellos.



Nunca, repito, nunca debe adorarse algo sin tener en cuenta el conjunto, ese ha sido y es el error principal del hombre: El mercader veneraba a Mercurio, el guerrero a Marte, pero ninguno de ellos iba más allá. Si admiramos a un guitarrista por su pericia musical debemos dar importancia a su creatividad o voluntad (ambas regidas por su cerebro) y no a su mano en exclusiva, pues ésta es solo un mero instrumento guiado por su mente. No se trata de creencias sino del más obvio sentido común. La teología es algo más práctico de lo que puede parecer, no se limita a la simple exposición de datos como muchos se empeñan, entraña razonamientos, filosofía y una aplicación a la vida diaria a través de la conciencia. Es digno de alabanza Zoroastro, pues fue el primer hombre -que sepamos- que desenmascaró la naturaleza maligna de los dioses. Mientras los ahura eran espíritus buenos (sirvientes del Creador Ahura Mazda), los daevas pertencían a la familia de los espíritus malos. Por eso se equiparó Satanás (lit. "el enemigo") con el Diablo y con Indra (que es "Dios"). ¡¡Son muchos los disfraces y tretas del maligno!! Los hechos y la etimología le dan la razón a Zoroastro.



Los daevas y los ahuras parecen ser componentes de lo que los griegos llamaban "demonios" (literalmente "el que reparte el destino de los hombres"), pues los había buenos, malos y neutrales o vengadores; en el mundo judeocristiano se llamaron "ángeles", de hecho se usó antiguamente las expresiones "ángel bueno" y "ángel malo" con el mismo sentido que en el zoroastrismo y la religión helénica. Los demonios estaban vinculados al clima y a otros muchos aspectos de la naturaleza y del hombre. Los demonios existen en la mayoría de las religiones del mundo, a poco que se compare su función es la misma y reside en castigar o premiar las acciones (karma) del hombre, y no en ser venerados. Solamente los demonios malignos se prestan a ser adorados por el hombre para extraviarlo, de ahí vienen las leyendas sobre Satanás (el enemigo del hombre) y los ángeles rebeldes que cayeron desde lo alto expulsados por Él, pues se negaron a arrodillarse ante el hombre cuando fue creado.


Rendir culto a los demonios o a sus jefes (dioses o diablos) fue tentador para los antiguos, pues creían que adulando a estas entidades podría mejorarse el destino propio, la misma clase de adulación que seguramente empleaban en la vida diaria con los nobles y poderosos. Grave error que les llevó al servilismo y a la ignorancia. No fueron el Creador, los dioses o los demonios injustos con ellos, lo fueron ellos consigo mismos. El "Fausto" de Goethe es un buen ejemplo del mago que intenta seducir a un demonio (Mephistopheles) para torcer su destino con una vida plagada de lujos y poder a cambio de vender su alma. Ya sabemos como termina la historia y el destino de los "listillos". Afortunadamente los demonios y el Él son como son: las facturas se pagan tarde o temprano.