jueves, 14 de marzo de 2013

Lugares de culto

Es de acuerdo general que laicos, monjes y sacerdotes se han decantado desde siempre por lugares especiales para rendir culto, orar o incluso habitar. Con frecuencia a medida que pasaban los milenios, diferentes culturas religiosas decidieron seguir sus ritos en los mismos lugares ancestrales de siempre. Así por ejemplo es conocido que sobre muchos fanos romanos se construyeron iglesias cristianas, para ser posteriormente sustituídas por mezquitas musulmanas, que una vez reconquistadas volvían a cristianizarse. La razón de ello de se debe a que cuando una población está habituada a acudir a determinado lugar no es fácil cambiarlo por otro y que sea fiel a las creencias del conquistador, cosas del sincretismo religioso.






Existe, sin embargo, otro motivo más importante para evitar cambiar un lugar de culto como aquel que traslada una tienda de un lugar a otro: Eran lugares de poder. No es casualidad que las mediciones energéticas realizadas reciéntemente en estos lugares dan unos niveles altísimos, es el caso de las pirámides de Egipto, Stoneage, la catedral de París, y un largo etcétera. Muchos investigadores han comprobado que en estos lugares es mucho más fácil entrar en trance, sanar, rezar o relajarse. Por otro lado la costumbre de consagrar un lugar específico (y objetos) por parte del sacerdote es un acto común en todas las culturas del mundo desde hace milenios. En castellano tenemos unas cuantas palabras para designar los lugares de culto, así que vamos a ello.






Abadía: Del latín abbas, abbattis, y éste del arameo abba "padre", pasando por el griego; "abate" es variante de empleo afrancesado o italianizante. Así que lógicamente "abadía" es donde vive el abad. "Abad" se empleó principalmente para denominar a los superiores de algunas órdenes de monjes cristianos como fueron por ejemplo en España la de San Basilio, San Benito y San Bernardo.







Basílica: Del latín basilica "especie de lonja" (edificio que el cristianismo al triunfar aprovechó para construir las antiguas iglesias), y éste del griego basilikós "perteneciente al rey, al estado", derivado de basiléus "rey". Era un edificio público que servía a los romanos de tribunal y de lugar de reunión y de contratación. Posteriormente iglesia notable por su antigüedad, extensión o magnificencia, o que goza de ciertos privilegios, por imitación de las basílicas romanas.







Capilla: Del latín tardío capella "oratorio, capilla", empleada desde principios del s.VII, propiamente "capa pequeña", por alusión al pedazo de su capa que San Martín dio a un pobre y al oratorio que se erigió donde guardaban esta reliquia. En el cristianismo la capilla se situa contigua o separada al cuerpo de la iglesia, con advocación particular a un santo. Capilleja es diminutivo de capilla, mientras que el capellán es el sacerdote que asiste a una capilla u oratorio para dar misa. Dado su reducido tamaño las capillas se construían en muchos lugares: campamentos militares, castillos, casas de nobles, cuevas, etc.






Catedral y sanedrín: Raíz sed- (sentarse). Con sufijo sed-ra tenemos un vocablo griego que hace alusión a "asiento, silla; cara de una figura geométrica". En el cristianismo "catedral" es la iglesia donde reside un obismo o arzobismo (literalmente "trono del obispo o arzobispo"). Del mismo sufijo tenemos "sanedrín" que es el consejo supremo de los judíos o sitio donde se reunía este consejo. En otras palabras, la catedral judaica. No es extraño que los primeros cristianos, que dicho sea de paso eran judíos, tomaran el vocablo griego inspirándose en el sanedrín.






Cenobio: Raíz kom; gwei- (vida común). Se llamaban monjes cenobitas a aquellos que vivían juntos en un cenobio o edificio religioso. San Isidoro ya los nombraba en el s.VII.






Colegiata: Raíz leg- (recoger, recolectar y derivados que significan "hablar"). Del latín lego "legar, enviar". También conocida como iglesia colegial que es la que, no siendo sede propia del arzobispo u obispo, se compone de abad y canónigos seculares, y en ella se celebran los oficios divinos como en las catedrales.





Convento: Raíz gwa- (ir a, llegar). Es el lugar donde los religiosos viven en común conforme a las reglas de su instituto.






Ermita: Raíz erd- (separar). Con sufijo ere-mo (apartado) tenemos el castellano eremita, ermita y yermo. En el cristianismo es edificio pequeño a modo de capilla u oratorio con su altar, en el cual suele haber un apartado o cuarto para recogerse el que vive en ella y la cuida. Efectivamente San Isidoro acertaba cuando decía:



Los eremitas, también llamados anacoretas son los monjes que han huído lejos de la presencia de los hombres, buscando el yermo y las soledades desérticas. Yermo viene a ser como remoto. Anacoretas (literalmente "el que se retira del mundo") son quienes, después de la vida cenobítica, se dirigen a los desiertos y habitan solos en parajes despoblados: se les ha dado semejante nombre por haberse apartado lejos de los hombres. Los anacoretas imitan a Elías y a Juan, los cenobitas en cambio a los apóstoles.






Propiamente hablando "monje" (del griego monós "solo") es el que vive solo. Por lo tanto, si monje se interpreta como solitario, ¿qué hace en medio de la gente el que está solo? Son entonces el eremita y el anacoreta los verdaderos monjes.



Fano: Raíz dhes- (dios). Del latín fanum "lugar consagrado". Es esta la palabra que debe usarse para cualquier lugar consagrado a Dios u otros dioses. Por desgracia el vocablo se ha sustituído incorrectamente por "templo". Véase "templo" más adelante.






Iglesia: Raíz keld-2 (gritar). Con sufijo kal-e (llamar) tenemos iglesia "asamblea del pueblo" y feligrés "hijo de la iglesia". De aquí iglesia se toma también en el sentido de edificio o lugar en donde son convocados los fieles o el pueblo.






Mezquita: Origen incierto. Lugar donde los musulmanes hacen sus oraciones. Las mezquitas son propias del culto al único Creador, no a los dioses o a Dios. Por ello no existen imágenes o estatuas dedicas a Él. Debe diferenciarse claramente del fano y otros lugares de culto.






Monasterio: Del latín monachus, propiamente "único, solitario". Derivado griego es monasterion "lugar donde viven los monjes". Véase "ermita".






Oratorio: Del latín orare "rogar, solicitar", propiamente "hablar", "hacer un discurso". Básicamente es el lugar donde se ora. Algunas palabras derivadas son las siguientes: Oración, oráculo (propiamente "oratorio donde se pronunciaban los oráculos"), adorar (reverenciar con palabras), exorar (lograr algo con súplica).






Parroquia: Sin duda ya conocida en el s.XIII. Tomado del latín tardío parochia, y éste del griego paroikía "avecindamiento", derivado de pároikos "vecino" (de oikéo "yo resido"). En tierras latinas el vocablo se confundió con el griego párokhos "abastecedor", "dueño de casa, anfitrión" (derivado de parékho "yo proporciono"), que en la baja época tomó el sentido de "párroco". Es la iglesia adjudicada a los fieles de un vecindario concreto, su jurisdicción espiritual pertenece al párroco.






Santuario: Raíz sak- (santificar). Procedente del latín sancio "consagrar, prescribir". Es el lugar donde se venera la imagen o reliquia de un santo de especial devoción. Derivados tenemos sanctasantórum (parte interior más sagrada del tabernáculo), santo, santón (que profesa vida austera fuera del cristianismo), sanción, santoral, santidad o santurrón.






Sinagoga: Raíz ag- (conducir). Es la congregación religiosa de los judíos, por extensión lugar donde los rabinos conducen a su pueblo. El significado es muy similar a "Iglesia". Véase "Iglesia".






Tabernáculo: Raíz treb- (morada, vivienda). Del latín taberna "choza, cabaña". Era el lugar donde los hebreos tenían colocada el arca del Testamento, aunque también se llamaba así la tienda en que habitaban los antiguos hebreos. La llamada fiesta de los tabernáculos es la solemnidad que celebran los hebreos en memoria de haber habitado sus mayores en el desierto debajo de tiendas antes de entrar en tierra de Canaán. Propiamente es la vivienda que alberga un lugar sagrado.






Templo: Raíz tem- (cortar). Del latín templum "espacio abierto para observar el cielo en la práctica del augurio". Comparte raíz "contemplar". Los templos eran miradores especializados en la observación de las aves con objeto que los augures pronosticaran el futuro, para aumentar la visibilidad seguramente se cortaban los árboles existentes en la zona. Fueron tan comunes entre los romanos que los cristianos tomaron los lugares para erigir iglesias. Su significado original poco tiene que ver con el que conocemos hoy día.





-Conclusiones: Usando la etimología la mayoría de las palabras pueden adaptarse sin problemas de una religión a otra, de hecho el cristianismo tomó del paganismo -pero también del judaísmo- casi todas sus palabras y ritos.

domingo, 10 de marzo de 2013

Bardos

"Bardo" tiene como raíz etimológica gwerd-2 (alabar en voz alta). Comparten raíz el sánscrito grnáti "él canta"; avéstico gar- "alabar"; lituano gerbti "honrar"; prusiano antiguo gerbt "hablar" y el alto alemán antiguo queran "suspirar". Con grado cero y sufijo grd-do "el que alaba" se incluye el céltico bardo-.





Homero, autor de la Ilíada y la Odisea, es seguramente el "bardo" griego más conocido de la historia. Sus obras rebosan alabanzas y rimas dedicadas a los dioses y los héroes. El investigador Joachim Latacz sostiene que Homero pertenecía o estaba en permanente contacto con el entorno de la nobleza. También persiste el debate sobre si Homero fue una persona real o bien el nombre dado a uno o más poetas orales que cantaban obras épicas tradicionales. La mayoría de los historiadores sitúa la figura de Homero en el siglo VIII a. C., si bien sus escritos debieron ser tradiciones orales de mucha mayor antiguedad.  





El nombre de Hómēros es una variante jónica del eólico Homaros. Su significado es rehén, prenda o garantía. Hay una teoría que sostiene que su nombre proviene de una sociedad de poetas llamados los Homēridai, que literalmente significa "hijos de rehenes", es decir, descendientes de prisioneros de guerra. Dado que estos hombres no eran enviados a la guerra al dudarse de su lealtad en el campo de batalla, no morían en éste. Por tanto se les confiaba el trabajo de recordar la poesía épica local, para recordar los sucesos pasados, en los tiempos anteriores a la llegada de la literatura escrita.





Los bardos históricos, miembros de la clase sacerdotal entre los celtas, cantaban las hazañas de los héroes y desempeñaban el papel de consejeros. Tras la conquista romana subsistieron en la corte de los pequeños príncipes del País de Gales, donde se organizaron según una jerarquía rigurosa. Acompañaban su canto con una especie de lira, la crouth.



Los más célebres y los más antiguos fueron Taliesin, Aneirin y Llywarch Hen (ss. VI-VII). La conquista del país por Eduardo I (1238) los redujo a la condición de cantores ambulantes hasta el s.XVI. El romanticismo les devolvió cierta popularidad al atribuirles un papel decisivo en la formación de las epopeyas nacionales.





Es obvio que históricamente el poder de las alabanzas unido a la belleza de las palabras (acompañadas habitualmente de mentiras, exageraciones y una buena dosis de cepillo) lograron engatusar los oídos de muchos poderosos. Para adaptarse a los nuevos tiempos, los bardos modernos ("asesores" y "expertos) cambiaron la poesía por la retórica y al rey por el político. Ástutamente saben que los mandamases sienten un maquiavélico placer por ser continuamente ensalzados. Al igual que antaño son tan maestros del halago como de la ineptitud. Las rimas sobre dioses y héroes del pasado han sido sustituídos por mantras acerca de constituciones dignas de elogio, "democracias" y demás parafernalia política. Mismo perro con distinto collar.





domingo, 24 de febrero de 2013

Obras

Dentro del mundo religioso y milagroso se encuentra una raíz indoeuropea de sumo interés: werg- (hacer). Con sufijo werg-o toma el significado de "obra" y es aquí donde se incluyen palabras como energía, energúmeno, cirugía "obra de la mano", demiurgo "obra del pueblo", teurgia "obra divina" o taumaturgia "obra admirable".  Si bien la raíz tiene mismo signicado que hechicería (latín facio "hacer"), los textos históricos las diferencian: la teurgia/taumaturgia/demiurgia para lo religioso y la  hechicería para la magia común. 





En primer lugar debemos dejar claro que tanto el hechizo como la obra requieren cierto esfuerzo físico y espiritual para llevarlo a cabo, ¿puede hacerse algo sin un gasto de energía? El hechicero que prepara una figura para realizar un maleficio debe usar sus habilidades manuales e intelectuales para llevarlo a cabo. Del mismo modo el sacerdote que consagra un templo está realizando una tarea espritiual que conlleva la parafernalia de un rito establecido. 





La fuerza interna necesaria para potenciar la magia la llamaban los griegos dýnamis (poder, fuerza) y los latinos numen, no en balde la raíz de magia es magh- (tener poder). Por ello en sí mismo el mago es aquel que posee dýnamis, sin la cual la magia no puede funcionar. En el Nuevo Testamento se afirma varias veces que Jesús hacía uso de su dýnamis para curaciones y exorcismos. ¿Era Jesús un mago? Propiamente sí, aunque siempre con nobles intenciones. Nunca fue calificado de "mago" en los documentos históricos porque esa palabra tenía una connotación negativa en el mundo griego y judío. Es otro ejemplo más de manipulación de vocablos por intereses religiosos o políticos.





Es más cada cosa tiene su dýnamis, capacidad o potencia peculiar que se manifiesta cuando se pone en acción (enérgeia). Los dioses también tienen dýnamis. Por medio del contactus se transfería fuerza benéfica, por el contagius se transmitía fuerza maléfica. El contagio puede ser inquinans, si la dýnamis es maligna y mancillante; enervans, si produce la pérdida de la propia fuerza y su traspaso a quien ha entrado con él en contacto; y usurpans, cuando un portador de fuerza la pierde al ponerse en contacto con un portador de otra más poderosa y hostil a la suya.





El dýnamis se emplea en el Nuevo Testamento para referirse al poder curativo de Jesús manifestado en exorcismos o curaciones. Sin embargo no aparece en los relatos de resurrección ni en los milagros de naturaleza. En su lugar aparece ta erga (obras). El término thaumaste (admirarse) aparece en las curaciones de ciegos y cojos, indicando una actuación sorprendente de Dios. Miraculum (de admirarse) es la traducción exacta del griego thaûma (admirarse). La facultad de operar milagros no era de la exclusiva competencia de los dioses, la compartían también algunos individuos dotados de una dýnamis especial.





Suele tomarse taumaturgia como sinónimo de milagro, pero éste no conlleva obra alguna de por sí a pesar de ser asombroso. Los teólogos de la Iglesia conocían esta sutil diferencia y declaraban que los magos también pueden hacer milagros, de hecho cualquier uso de la magia puede ser asombroso para aquellos que no estaban familiarizados con ella. Para realizar obras el individuo requiere un carisma (propiamente "don, gracia") recibido de la divinidad/es o el mismo Creador. Queda claro que muy pocos son los afortunados con tal capacidad, los griegos los llamaban thieos anier (hombre divino) o taumaturgos. Eran hombres especiales (santos) destinados a cambiar la mentalidad de la humanidad que les rodeaba.






En lo que respecta a la teurgia (obra divina) era practicada normalmente por sacerdotes politeístas y consistía en la consagración de objetos o áreas así como en la magia ritual y adivinatoria asociada siempre a las divinidades. Pocos eran los sacerdotes capaces de ser teurgos, por lo que parece obvio que requerirían un carisma especial. En el monoteísmo judío Yavé exige casi desde el principio de su manifestación a Israel lo contrario de lo que postula la magia común: la obediencia absoluta y el sometimiento del hombre a la divinidad. 




Un término usado -escasamente- por los filósofos neoplátonicos fue "demiurgia", obra realizada o asociada al Demiurgo (El Creador). La demiurgia trasciende lo divino, pues no olvidemos que el Demiurgo (también llamado "El") no es un dios sino el mismísimo Creador y gobernante del UniversoHablamos correctamente de demiurgia cuando nos referimos a las obras realizadas por los profetas del Creador: Abraham, Moisés, Elías, Jesús, Mahoma y otros que pasaron de forma anónima por las crónicas históricas. 







La versión pagana de Jesús fue Apolonio de Tiana, el cual practicaba la taumaturgia y la teurgia por ser politeísta, pero nunca la demiurgia. Por extensión fue mago, teurgo y taumaturgo. Como conclusión recalcar que al no requerir de dýnamis la obra no es magia de por sí, sin embargo a menudo los taumaturgos eran también magos.



sábado, 23 de febrero de 2013

Artificios del mago VII: Dichos

Un dicho es una palabra o conjunto de palabras con que se expresa oralmente un concepto cabal. Aunque aparentemente no tenga ninguna relación con la magia y sus artificios, los dichos forman parte de ella en algunos casos. En seguida lo vamos a comprobar.





Decir tiene como raíz deik- (mostrar, pronunciar solemnemente). Del latín dico "decir", tenemos varias palabras que nos acercan al mundo de la magia y religión: "Bendecir" y "maldecir" denotan buena o mala intención en los dichos; "predecir" consiste en anunciar algo que sucederá por medio de dichos; "fatídico" (latín fatum "destino") se refiere al dicho de una cosa o de una persona: Que anuncia o pronostica el porvenir, especialmente si anuncia desgracias. Por último tenemos "predicar" (proclamar solemnemente) y "predicador".




Consta que en la Edad Media española (s.VII) existió un tipo de mago llamado fatidicus al que muchos solían visitarle con objeto de oir sus predicciones sobre el buen o mal destino de propios y ajenos. Huelga decir que la Iglesia prohibió estas consultas y persiguió con saña a los fatídicos. La bendición siempre se ha asociado a los santos, se trata de palabras que traen suerte al receptor de la misma. A santos y santones se les suponía afortunados debido a su carisma (gracia o don natural), que se representaba por medio de un aura sobre la cabeza.  




La creencia en los gafes y los afortunados está relativamente aceptada por la población. En todos los lugares del planeta se creia que algunas brujas podían proferir maldiciones y males de ojo que provocaban desgracias al projimo. No es extraño que hayan sido históricamente perseguidas en los cinco continentes, incluso todavía en no pocas zonas de cultura tribal. 






La Iglesia añadió a su culto las bendiciones desde temprana época. Asimismo la evangelización entre los paganos no habría sido posible sin los sermones de los predicadores.  En conclusión, las prédicas y dichos dependen mucho de la intención, conocimientos y moral del que habla, pues pueden ser fuente de sabiduría, demagogia, suerte o desgracia. 





Artificios del mago VI: Invocaciones y Evocaciones

La magia gutural se realiza propiamente por medio de las invocaciones y evocaciones. Ambos términos proceden originalmente del latín vox "voz", cuya raíz es wek- (hablar). De aquí partió el derivado latino voco "llamar, vocear", así Evocar proviene del latín evocare "hacer salir llamando", mientras que invocar del latín invocare "llamar a un lugar". Dichas llamadas pueden realizarse con cualquier sonido producido a través de las cuerdas vocales.




Invocar no es lo mismo que evocar. El que invoca a los espíritus recita ciertas fórmulas mágicas para conseguir de ellos protección y apoyo en sus necesidades o bien les requiere ayuda en la realización de un propósito cualquiera, cuya realización espera conseguir sin necesidad de que los espíritus se manifiesten visiblemente.



En cambio, el evocador es más audaz; quiere hallarse frente a frente con las entidades espirituales para pedirles, o mejor dicho, para mandarles le obedezcan en tal o cual empresa. Naturalmente, el mago al celebrar una evocación conoce a fondo el terrible valor de las palabras que pronuncia en su peligrosa ceremonia.





Temerario sería el que se lanzase a semejante empresa sin haber estudiado antes con la debida atención los preceptos de la magia evocatoria. El mago evocador, además de conocer las facultades y poderes de los espíritus, debe poseer una presencia de ánimo a toda prueba, un valor y una serenidad tales que no debe inmutarse ante ningún peligro.





La ceremonia suele realizarse en un día y hora concretos. Las evocaciones requieren de antemano que el mago esté dentro de un círculo, el cual incluye caracteres mágicos u otros signos y dibujos apropiados. Estar en su interior protege al evocador de la entidad que pretende convocar.
  



Finalmente se recita un conjuro en voz alta para forzar al espíritu a aparecer. Tras esto el mago le ordena a la entidad que le conceda un favor u objeto, teniendo siempre cuidado de no tocarse mutuamente. Algunos grimorios contienen todas las indicaciones necesarias para realizar apropiadamente evocaciones, se trata de un proceso complejo en el cual nada debe fallar.




jueves, 20 de septiembre de 2012

Artificios del mago V: Fijaciones

Se suele creer que la práctica de atravesar una figura para causar un mal a alguien procede originalmente del vudú. Nada más lejos de la realidad. Olvidamos casi siempre que la creencia en la brujería y la magia en el occidente europeo estuvieron firmemente asentadas hasta bien entrado el Renacimiento. Estas prácticas hechiceriles recibieron el nombre de defixium (fijación), pues para que la magia tuviera efecto el objeto en cuestión era atravesado por un clavo. En los primeros siglos del cristianismo, la Iglesia clasificó la magia, a imitación de los griegos (teurgia/goecia), en fijación (defixium) y consagración (consacratio). El clérigo hispano Prisciliano (s.IV d.C.) fue acusado de practicar la fijación. Este tipo de hechicería era bastante antigua, y para su práctica se empleaban comúnmente tablillas de plomo.



Las tabellae defixionum gozaron de gran popularidad. Si bien, a juzgar por el catálogo de A. Audollent, son raras antes del siglo I a.C. y proceden solo de la Campania, se multiplican desde época silana ampliándose también su procedencia geográfica (Capua, Cumas, Puzzoli y Roma). Todas las categorías sociales se interesaron por sus efectos. Se trata de láminas de plomo, a veces en forma de figura humana, sobre las que se grababan palabras o expresiones de maldición. Eran empleadas ya en la Grecia del siglo V a.C. y en la Italia del IV a.C. para maldecir a individuos (o también a familias y grupos sociales) sobre los que se deseaba que cayera todo tipo de desgracias (como enfermedades, la imposibilidad de hablar u oír o incluso la muerte). Con mucha frecuencia se ansiaba, particularmente, inmovilizar al adversario; la intención era simbolizada por un clavo que atravesaba la lámina de plomo y lo fijaba en sepulcros (ésta era una de las causas más frecuentes de violaciones), pozos y, en general, en lugares profundos, considerados como acceso al mundo subterráneo. Abajo clavo extraído de una tabla.


Por ello las defixiones eran consagradas a divinidades infernales como Hécate, Plutón, Proserpina, etc. Quienes las escribían o mandaban escribir daban todo género de detalles (nombre, filiación, domicilio) sobre el enemigo (así como las partes del cuerpo que debían ser afectadas), con el fin –como ocurre en el ritual religioso- de evitar cualquier error de las potencias maléficas encargadas de ejecutar la maldición. Así por ejemplo:

Buena y bella Proserpina, esposa de Plutón, o Salvia, si es necesario llamarte así, destruye la salud, el cuerpo, el color, las fuerzas, las facultades de Avonia. Entrégala a Plutón, a tu esposo. Que ella no pueda, por sus pensamientos, evitar el maleficio... Yo te doy la cabeza de Avonia, yo te doy los párpados de Avonia, yo te doy las pupilas de Avonia, Proserpina Salvia, yo te doy las orejas, los labios, la nariz, los dientes, la lengua de Avonia para que Avonia no pueda decir dónde sufre; su cuello, sus espaldas, sus brazos, sus dedos, para que ella no pueda ayudarse de nada; su pecho, su hígado, su corazón, sus pulmones para que ella no pueda sentir dónde sufre; sus intestinos, su vientre, su ombligo, su dorso, sus flancos, para que ella no pueda dormir; su vejiga para que ella no pueda orinar; sus nalgas, sus muslos, sus piernas, sus tibias, sus rodillas, sus pies –talones, plantas, dedos- para que ella no pueda por sus propias fuerzas sostenerse en pie (CIL I, 2, 2520).


El deseo de que la persona enemiga permanezca muda o no pueda decir dónde le duele, era casi una constante en este tipo de imprecaciones mágicas que pedían a las potencias infernales que el adversario no pueda responder ni hablar. Cicerón recuerda el caso de C. Escribonio Curio un orador que sufría contínuas pérdidas de memoria llegando a quedar mudo. La causa no era otra que los maleficios y las fórmulas mágicas de la hechicera Titinia. Algunas tabellae, contienen palabras escritas al revés. Así, por ejemplo una, redactada para maldecir a un ladrón de toallas en los baños, dice en la versión original y en la restituida por A. Audollent (Defixionum Tabellae, París 1904, 104):

Qui mateliu tiualo ni cistauqilc mocauqa lle at. minq mae tiuaul...
Qui mihi ma(n)telium in(u)olauit, sic liquat com agua ell(a)m(u?)ta, ni q(u)i eam saluauit.

Es decir: “Aquel que me ha robado mi toalla se licuefique como esta agua muda, a menos que me la haya puesto al lado”. El propósito de ocultar el significado de las palabras no es otro que el hacerlas comprensibles sólo al mago y a las fuerzas infernales cuya intervención se invoca para castigar al ladrón. En otras ocasiones junto al texto aparecen signos, letras, serpientes entrelazadas, flechas, triángulos, etc.

Los dioses más invocados en las tablas defixionum escritas en griego fueron: Hécate, Perséfone, Hermes, Démeter, Plutón, Isis, Osiris, Tifón-Seth, Baal, Eresquigal (babilonio), Yavéh y sus ángeles y arcángeles. Fueron frecuentes entre los siglos VI a.C. y V d.C., al principio eran textos escuetos, pero con el transcurso del tiempo se hicieron más desarrolladas literariamente. Las dos encontradas en Ampurias del siglo III d.C. hacen alusión a nombres escuetamente.

Se colocaban bajo tumbas y templos de divinidades infernales (en menor medida) al principio y más tarde en pozos o lugares con agua. Se solían enterrar bajo las tumbas de los “muertos prematuros”, pues estaban enojados y sedientos de venganza. Pelos, uñas y telas de ropa de la víctima acompañaban normalmente a las tablas. Otro modo era el enterrar figuritas, sobre todo con fines eróticos, también había otras para favorecer el parto y la fecundidad, la cura y prevención de enfermedades o las buenas cosechas, pero el fin más extendido era el maléfico.


En España tenemos una prueba de estas prácticas en las Partidas (s.XIII):

Otrosí defendemos que ninguno no sea osado de hacer imágenes de cera, ni de metal, ni otros fechizos malos para enamorar los hombres con las mujeres, ni para departir el amor que algunos hubiesen entre sí.

En el vudú, las personas que desean vengarse de sus enemigos o eliminarlos acuden al bokó (maléfico) para que les haga un maleficio. Para que el hechicero pueda actuar, debe primero fabricar un muñeco con cera que represente a la persona a la que se ha de dañar y pagar la suma que el bokó estime en concepto de honorarios. Una vez que el maléfico tiene la figura, la atraviesa con un alfiler al tiempo que recita fórmulas mágicas. Éstas son las que producirán, en el cuerpo de la persona representada por el muñeco, una o varias enfermedades, según cómo y dónde pinche la figura. La forma de librarse de este tipo de maleficios es portar amuletos y talismanes o contar con la protección de un espíritu fuerte que pueda neutralizar el mal.