miércoles, 4 de julio de 2012

Acerca del bien y el mal


Mucho es lo que se ha escrito acerca del bien y el mal. Todo el mundo parece conocer de modo intuitivo lo que es beneficioso y lo funesto, se observa que cada cual tiene una opinión al respecto dependiendo de su experiencia, edad, moralidad y creencias. Intentaré desgajar lo cierto de lo incierto para lograr llegar a una conclusión fiable. Es un tema aparentemente fácil, sin embargo pronto veremos que una inmensa mayoría de la población desconoce lo que es realmente bueno o malo, y ello influye de modo negativo en su vida personal y en la de los que lo rodean.



"Bien" tiene como raíz etimológica deu-2 (hacer, manifestar). Palabras extranjeras que se hallan en la misma raíz son el sánscrito dúvas "regalo" o el irlandés antiguo den "eficiente". Del latín bonus tenemos el castellano "bueno", "bono" (título de la deuda, vale para cambiar por algo) y "abonar" (fertilizar). Del latín bene tenemos "bien", "bendecir", "behetría" (población cuyos vecinos tenían derecho a elegir a su señor, las behetrías recibían como señor a quien les hiciera más bien), "beneficio", "benévolo", "benigno" y "bienhechor". Del latín bellus proviene "bello", "beldad"; y por último del latín beo (hacer feliz, satisfacer) viene "beato". A grandes rasgos lo bueno es algo eficiente, que produce felicidad y que mejora sobremanera allá donde se aplica. Propiamente hablando lo bello es característico de lo bueno. Lo bello es algo atractivo que nos provoca en principio más o menos alegría.



Por el contrario, "malo" viene del latín malus. Su raíz etimológica es desconocida, pero es claro antónimo de lo bueno. Palabras derivadas son: "mal", "maldad", "maleante", "maleza", "malicia", "maleficio", "maligno", "maléfico", etc. Al ser lo malo opuesto a lo bueno se trata obviamente de algo ineficiente, que provoca desgracia y que empeora (al menos a largo plazo) lo que toca allá donde aparece. Lo feo está íntimamente ligado a lo malo, de hecho desde siempre se ha identificado lo feo con lo malo, por ejemplo brujas o monstruos. Todos sentimos cierta repulsión instintiva ante lo feo, nadie puede negarlo. Una vez expuestas las definiciones vamos a intentar hacerlas coincidir, en la medida de lo posible, con el mundo real para que no quede cabo sin atar. Tomaré como ejemplo al ser humano para diferenciar de forma clara el bien del mal.



Nadie es absolutamente bueno o malo. El bueno puede mentir y el malo decir la verdad, aunque no sea lo frecuente en ellos. El ser humano tiene cuerpo y por ello es pasible: el bien y el mal son parte de su esencia. Para lograr concordia espiritual, muchos perversos compensan sus maldades con buenas acciones, pues de no hacerlo se autodestruirían. Todos las almas buscan la felicidad, lo que las diferencia es el modo de hallarla. Hacerse adepto a una religión puede ser un modo de encontrar el bien, pero no todos los adeptos lo logran, ya que el hábito no hace al monje. Se trata de una tarea personal y espiritual. Dicho esto, creo que existen tres clases de personas: la buena, la común y la mala.



-El hombre bueno es aquel que busca con ahínco la felicidad a través de la eficacia y el sentido común, evitando que sus pasiones, filias y fobias le alteren la verdadera realidad del bien. Si sabe que haciendo deporte mejora su salud de forma notable, no dudará en practicarlo aunque la pereza o el prójimo traten de evitarlo. La disciplina le es fundamental.



-El hombre común busca la felicidad mezclando lo placentero con lo correcto. Este hombre piensa más con el corazón que con la cabeza. Su concepto del bien es incompleto: en su subconsciente sabe lo que es bueno y trata de acercarse a ello, pero le falta la voluntad necesaria para alcanzarlo. Practicará deporte a intérvalos pues ese es su concepto del bien, por ello su salud no será tan buena como la del hombre bueno.



-El hombre malo busca la felicidad en lo placentero, piensa con la barriga. Para él lo placentero es sinónimo de bueno: robar a alguien es un método fácil y rápido para conseguir el bien; violar a una bella mujer es tan placentero como bueno; irse de copas es mucho más bueno que hacer deporte. Una vida así solo puede causarle problemas antes o después. Nunca llegará a entender del todo por qué se halla en una cárcel o su salud es débil, pues su confusión respecto al bien es enorme. La culpa nunca será suya sino de la sociedad, la cual le tienen manía. Es sumamente indisciplinado.



Nadie nace bueno y para llegar a serlo hay que pasar previamente por lo malo y lo neutro. Solamente cuando se asume que el mal nunca beneficia y que el bien nunca perjudica el individuo se hace realmente bueno, pues entonces comprende que es él el primer beneficiado. Antes bien, afirmo que el bien es pura sabiduría, ¿qué es saber sino conocer lo beneficioso y evitar lo nocivo? Pocos son los sabios o buenos y bastantes los ignorantes o malos. No todas las personas, ni mucho menos, logran hacerse buenas a lo largo de sus vidas. Para su desgracia muchas de ellas se quedan en el escalón intermedio o bajo de la bondad. Suele ocurrir que las personas malas (aquellas que se perjudican) tienen una vida más corta que las buenas, es ésa la razón por la que los antiguos temían bastante a los fantasmas de los muertos prematuros. Es rigurosamente falso el tópico de que el bueno sufre y el malo disfruta, pues tiene el vulgo un concepto erróneo (influenciado por la sociedad y/o religión) sobre el bien y el mal.



Por lo que respecta a la belleza decir que las apariencias pueden engañar. Si algo parece bello pero posteriormente comprobamos que es perjudicial, no podemos decir que sea realmente bello. Muchas veces sucede que una persona o una canción no nos atrae inicialmente, sin embargo más tarde sentimos que era más bella de lo que pensábamos: fuimos engatusados por las apariencias. En definitiva lo verdaderamente bello no puede ser malo ni lo verdaderamente feo bueno. La maldad suele darse durante la infancia, pues es una etapa de aprendizaje en la que no se distingue adecuadamente lo bueno de lo malo. Además la debilidad y cobardía propia de los niños les impide ser realmente buenos, pues el bien requiere fortaleza, experiencia y disciplina para poseerlo. Los crios necesitan el apoyo constante de alguien para aprender y evitar ser dañados. Siguiendo este razonamiento las mujeres tienen más difícil, dada su debilidad, llegar a alcanzar la bondad. Aquellas que lo logran son dóblemente dignas de alabanza y verdaderamente bellas. Todos debemos respetar y apoyar especialmente a la mujer fuerte. Debe evitarse censurar de modo inquisitorial un comportamiento malo, pues todos hemos sido malos para aprender.  Los inquisidores desconocen el alma humana, porque sin conocer el mal no puede alcanzarse el bien. La propia vida se encarga de castigar los males de cada uno, nosotros no podemos guiar a los que no quieren escuchar, cada cual es libre de elegir su propio destino.